jueves, 24 de noviembre de 2016

Call me not my adjectives

—Are you going anywhere for holidays?
—Yeah, I'm going to the United.
—Oh, that is nice. Where will you go there?
—I'll spend some time with my parents in New. I'm so excited, I really want to see the thingy Of Liberty, Brooklyn and other places. Then we want to travel to other states, probably North, South, then through West to North and South.
—Aha...
—Then we will go to New and back to New. What about you?
—Oh, we haven't decided yet. My mother wants to go to New to visit her sister, but my father would prefer to visit his homeland in the United.
—Oh, that's great.
—Yeah, Great or the United, same thing.
—Where's he from?
—He's from upon-Avon. Anyway, I wanted to go to the Democratic for a fair project, but I will have to wait until next *

Lost? No wonder. It is confusing. It sounds stupid. So is it for us when some foreigners keep referring to some places in the Czech Republic using just the adjectives. České Budějovice is Bohemian Budweis, or Czech Budweis. There are only two cities called Budějovice in the country, but dozens, if not hundreds, of cities and/or villages called České, Česká, Český.

Today, someone was trying to convince me that it was correct to say České to refer to Budějovice because many, if not most, people said it. I said "Ok, so to start with, if most people in the world drink alcohol, are you going to? Would you start smoking just because most people would smoke? The fact that a majority does something stupid does not validate it." We could go beyond that: would you like to be called something that is not your name, but an adjective? It is your choice. Back to that within some lines...

It gets even worse: there is an implicit refusal to adapt to the uses of the country you are living in if you refuse to call their cities the way they want. Feel free to do so. Just never complain if they are not friendly to you afterwards. I would not be.

If you are reading this and you think I'm "overdoing it as usual", let me know, so I can call you whatever comes to my mind to see what do you think of it after one week. Also, you'd better not say anything about migrants, because I'm very likely to kick your butt as strong as I can to see whether I can send you out of Europe. If you are not willing to adapt within Europe, you are not the example we want migrants to see when they arrive.

Oh, yes, I'm very upset. And I'm loving it: nothing puts me to write like getting upset.

And now the key to the names of the dialogue at the opening of this post.

United STATES, New YORK, N. CAROLINA, S. CAROLINA, W. VIRGINIA, N. DAKOTA, S. DAKOTA, N. JERSEY, N. YORK.

New ZEALAND, United KINGDOM, Great Britain, U. Kingdom, STRATFORD-upon-Avon, Dem. Republic of Congo, fair TRADE project, next YEAR.

miércoles, 26 de octubre de 2016

La astrología te limita

La astrología te limita: te dice lo que te va a pasar, a quién vas a conocer cuándo y dónde, los problemas que vas a tener en el trabajo, la lotería que no vas a ganar y cuándo habrá una oferta que te interese en el supermercado de la esquina.

Peor aún: la astrología de dice cómo tienes que ser, lo que te va a gustar y desagradar, cómo te comportarás en la cama, quién será tu pareja ideal, cuáles son tus puntos erógenos, qué aspectos de tu salud van a verse más comprometidos a lo largo de tu vida, en qué tienes que trabajar y, en definitiva, los motivos que tienen unos para quererte y otros para no soportarte.

La astrología te dicen unas cosas que no es de extrañar que no te la creas. Cómo va uno a creerse semejante payasada. Y es peligrosa

Yo no creo en nadie que me limite sin motivo. Cierto, creo en la física pese a que no me deja levitar, y en la química que no me deja poder realizar la respiración celular a base de azufre. Pero cuando la cosa llega a aspectos de mi vida en los que yo creo poder influir, a quien intenta decirme que no puedo lo mando al guano.

Así que no me extraña que hables así de la astrología. De la tuya.

A mí, la astrología no me limita.

A mí, la astrología me avisa de ciertas tendencias en mi comportamiento que podría evitar mejor si fuera consciente de ellas. Me anima a ver si es cierto o no. Me anima a explorarme como persona (quizá esté en riesgo de volverme paranoico), como profesional (aún no he probado la política, probemos), como ser biológico (prueba a tocarme las narices, que dice el libro que me va a gustar). Me ayuda a tolerar mejor a los demás (me ha llamado individuo, pero seguro que ha sido sin mala intención, lo lleva en su signo). Mi astrología me avisa de ciertos límites que podría haber para que no me tropiece con ellos y pueda volar más alto (si no levantas el pie al tercer paso desde el portal, pegarás una patada a un perro, sin querer, te morderá y morirás de septicemia).

La astrología, a mí, me hace mejor persona. Y es llamativo que haya tantísimos entre quienes se interesan por el crecimiento personal (más que por el profesional, el económico o el académico) tengan, cuando menos, curiosidad por saber si la astrología les puede ayudar en esa empresa.

En mi opinión, la astrología te limita si la malinterpretas. O si alguien la utiliza con fines. O, por

La astrología bien entendida no te limita: te libera. Y eso es algo que las altas esferas no van a querer que suceda nunca.

Lo cierto, empero, es que la sociedad necesita unos pocos librepensadores. No demasiados, porque entonces el tinglado se nos va al traste; pero sí unos pocos.

Lo mismo que no es ciencia todo lo que presume de serlo, a saber a qué payasada estás llamando tú astrología. Pero como eso le viene bien a la sociedad de la que disfrutamos tú y yo, tú sigue creyendo que tu astrología es una kk, que me parece genial. Yo te animo a que sigas así. Y te respeto.

Lo que no sé es si esta entrada me venía en el horóscopo de hoy... Mira que si no aparece y la tengo que borrar...

miércoles, 10 de agosto de 2016

Las dos Españas

Como cada año, cuando voy a España de vacaciones, veo de golpe todos los pequeños cambios que se han ido produciendo en la sociedad durante el año, algunos asomando, otros ya institucionalizados, otros en plena cúspide de moda pasajera que no se repetirá al verano siguiente.

Con la crisis, cada año era diferente. No necesariamente en este orden, hubo el año de la queja constante por todo y muchas veces sin fundamento (gente que se me quejaba de que no podían llevar el mismo ritmo de vida porque les habían quitado una de las dos pagas extras y les habían bajado el sueldo neto a 1.700 €... mira, vete a quejarte a otro). Hubo el año en el que la gente hacía comentarios crueles sobre todo aquel que estaba triste o que era diferente. Hubo el año de los piratas de la carretera. Hubo un verano en el que todo el mundo hacía comentarios sexuales, como si fuera el último verano folgable de la historia. Hubo un verano en el que, en Cantabria, muchos decían que mejor estarían unidos al País Vasco, para negar al verano siguiente haber dicho nada semejante o, incluso, la posibilidad de que ningún montañés pudiera decir eso en voz alta.

Divertido.

Lo que no es divertido es ver profundizarse la zanja entre las dos Españas. Siempre ha estado ahí, claro; pero es preocupante ver que te deja de hablar la gente en el momento en el que no quieres hablar de política; o que un lado acusa al otro justamente del mismo extremismo que él mismo practica. Derechas e izquierdas critican en los medios que se haga apología de su pasada a cuchillo, pero en los corralillos hablan igual que las publicaciones que no quieren leer. Va subiendo y subiendo el nivel de crispación y nadie quiere ver que todos están contribuyendo a ello, que todos ponen, no su granito de arena, sino su piedra de molino. Y sí, entiendo el enfado de toda la población, y entiendo la crispación de unos y otros. Y entiendo que, al sentirse todo el mundo impotente frente a las fechorías de la clase política, arremetan contra quien sí pueden: el otro. Lo entiendo, pero no quiero caer en lo mismo.

Y así, cuando yo no quiero hablar de politica ni escuchar peroratas cargadas de violencia hacia el otro, la gente me deja de hablar. O me atacan. Sólo por querer cambiar de tema. Algunos se sienten atacados y en mi silencio encuentran complicidad con el que llaman atacante, parece ser; pero no es eso. Y no creo que explicarlo sirva de nada.

No comprendo los ataques a cristianos ni a ateos. No comprendo los ataques a españolistas ni a catalanes. No comprendo los ataques a los heterosexuales ni a los homosexuales. No comprendo que a los políticos se les deje en paz mientras se amenaza al vecino, que es tan víctima de lo que sucede como el resto. No comprendo y hay un punto en el que dejo de entender o aceptar.

Este año, me he vuelto muy, muy triste de España.

martes, 9 de agosto de 2016

Esquemas mentales

Hace unos años estaba yo en crisis interpretativa, digamos que en lo más profundo de ella, sin entender por qué no quería cantar o tocar en público, sintiéndome mal por ello y haciéndome un montón de esas preguntas que los creativos nos hacemos a veces con mayor, menor o inexistente fundamento.

Y coincidió que alguien me hizo un favor tremendo: intentó convencerme de la forma equivocada. Había más gente intentando convencerme, y yo dije que tocaba para mí, no para el resto del mundo. Esta persona me llamó egoísta, diciendo que si Dios me había dado dones, era para compartirlos. Ahhhh. Ya. No había caído. Supongo que no estoy compartiendo ningún otro de mis dones.

No, no fue eso lo que contesté. No imaginemos.

Lo que respondí fue que ya compartía otros dones, y que estaba en mi derecho de dejarme alguno para mí, lo mismo que el resto del mundo se deja cosas para sí, y que no es egoísmo. Que prefería bailar desnudo delante de una audiencia que cantar y tocar (lo cual era cierto), y que si no estaba dispuesto a bailar desnudo, mucho menos iba a cantar o tocar. El otro siguió con que yo era egoísta y yo con que estaba en mi derecho.

Esa misma persona defendía que la antigua sinagoga de Hluboká nad Vltavou estuviera abierta al público, con o sin el consentimiento de su actual propietario, porque era un bien que pertenecía a todos. Y yo no estaba ni estoy de acuerdo, porque es un inmueble del que su propietario cuida, y porque me parece un desatino decidir sobre la propiedad privada así, sin conocer las circunstancias. Otro gallo le cantaría al asunto si el inmueble estuviera en riesgo de ruina—entonces sí que impondría (como cacique local o como gobernante) un "o lo cuidas, o me dejas que lo cuide, o me lo vendes a precio de mercado, o te lo expropio por lo que me parezca, te cuento hasta tres".

Esta persona ha sido fuente de inspiración en numerosas ocasiones y me ha ayudado a darme cuenta de muchas cosas. Hoy recordaba el asuntillo del cante y pensaba que igual debería haberlo afrontado de otro modo. Algo así como:

—A ver, ¿tú que prefieres, cantar y tocar, o hacer un strip-tease?
—¿Qué clase de pregunta es ésa?
—Contesta, ¿qué prefieres?
(no creo que contestara, pero eso ya llevaría a un cambio de tema que sería una victoria, en sí)
(supongamos, empero, que...)
—Cantar y tocar, ¡por supuesto!
—Vale, yo prefiero hacer un strip-tease. Tú quieres que yo cante y toque. Yo canto y toco si tú haces un strip-tease.

Lo que vendría a continuación sería el comentario que me hacen tantas veces de que "lo llevas todo a los extremos", sin darse cuenta de que yo siento que me llevan ellos a esos extremos cuyas características tan poco les gustan. Ni se dan cuenta de que el hecho de que ellos estén convencidos de su "normalidad" no garantiza que esa normalidad sea lo más deseable ni la única forma de normalidad aceptable. Entre otras darsecuenteces.

Y sí, mis comparaciones tienen un toque relacionado con el pudor sexual harto frecuentemente. Quizá porque mi sentido del pudor se extiende a campos en los que otros no tienen ni pizca de vergüenza. Especialmente cuando soy yo al que exponen, no te jode.

Me estoy calentando yo solo recordando, y no entre las piernas, precisamente. Una pena, yo que pensaba escribir una bitácora de paz, armonía, perdón, tranquilidad y buenos alimentos...

Buenas noches.

Notas sueltas - el verde.

Hoy fuimos Jana y yo a cazar planetas. Vimos Marte, Júpiter y Saturno, por ese orden, y se nos escaparon Venus y Mercurio. Para compensar, vimos la franja verde del atardecer. Y digo "vimos", en primera del plural. Primero le pregunté si lo veía. Me dijo que no y me miró extrañada, como diciendo "Ahí no hay verde". Le enseñé a verlo, y a los dos nos hizo ilusión que lo viera.

¿Tonterías? Según para quien. Ha hubíu vecis en que los necios se han conjurado para reírse de mí diciendo que no había verde, igual que se han reído cuando he mezclado determinados ingredientes o contado determinadas historias, porque a los gilipollas les encanta reírse en grupo de alguien que sabe más que ellos.

A veces, sin embargo, alguien se salva de la quema. Como cuando Rosie C, por sabiduría, por amistad, por pena, por llevar la contraria al grupo, por simpatía, ¡quién sabe por qué motivos! decidió probar aquella mezcla que yo me estaba tomando de postre, y su comentario hizo callar al resto.

Y es que a veces se necesita sólo de uno para romper una conjura de necios. Sí, el proceso es similar al traje nuevo del emperador; sólo que, en este caso, no es la inocencia quien habla, sino la sabiduría, el conocimiento, la caridad, la bravura, la amistad, la protesta o todos ellos.

Por supuesto que luego están los "cualquieralovés": "no has descubierto nada nuevo, todo el mundo lo ve, yo siempre supe que estaba ahí" etcétera. Ya. Pero tú nunca intentaste trasmitir ese conocimiento que, en mi experiencia, tiene muy poquita gente (entre otra cosa porque tú mismo/a negabas que hubiera verde hasta que alguien dijo que también lo veía).

Acostumbrado como estoy a conjuras, a gente tóxica y a estúpidos acuerdos tanto tácitos como explícitos, el que alguien decidiera no llevarme la contraria y disfrutara del secreto compartido ha sido maravilloso. Gracias, conjuradores. Gracias, necios/as. :)

Yo sigo viendo el verde, entre otras cosas porque sé que está ahí, y lo descubrí yo, así como la forma de aprender a verlo. Nadie me lo ha contado. Y veo los colores bien (me he hecho la prueba, harto ya de oír a demasiados necios que veía mal los colores).

Y el Danubio no es azul.

lunes, 13 de junio de 2016

Pensamiento rápido sobre Orlando.

Me iba a haber puesto una bandera en las redes sociales, pero entonces se me ocurrió que...

No sé por qué me hace sentir incómodo el uso de la bandera del arco iris con relación a la matanza de Orlando. No se trata de si han muerto homosexuales, heterosexuales o quién, yo siento que han muerto personas y algo dentro de mí rechaza ponerles una etiqueta. Podéis pensar "Jorge, bien que te pusiste la torre Eiffel cuando lo de París"... Sí, también lo he pensado. En fin, vaya esto sólo como otra reflexión de los millones que habrá estos días sobre el asunto...

martes, 7 de junio de 2016

Actos incomprensibles

Hay actos que nos parece que no nos pertenecen. Los juzguemos en otros o no, simplemente a nosotros no nos sale "cometerlos". Cada cual que piense en el suyo: tirar un papel al suelo, orinar en público, robar, gritar, pegar un azote a un niño...

Y sí, somos muchos a los que no nos gusta orinar en lugares "al descubierto", por así decir; pero si nos vienen las ganas bien apretadas, la necesidad se antepone a la vergüenza.

También somos muchos los que creemos que no se debe robar, y empezamos por no hacerlo nosotros. Sin llegar hasta tener hambre de la buena, a uno le puede pasar que se encuentra estudiando un programa de estudios donde cada clase está hasta a dos o tres kilómetros de la anterior, por no mencionar el comedor; y siendo un gran aficionado al ciclismo, se descubre mirando las bicis ajenas con ojos golositos... y sabe que, o se agencia una de segunda mano en el bazar más próximo, o se agenciará el biciclo del prójimo a la primera oportunité, caballé del al plumé.

Y todo esto me viene a la cabeza porque siempre tiro el chicle a la papelera. Pero hoy me puse un chicle en la boca justo después (feliz idea, manda portales) de haberme comido un puñado de cacahuetes. El chicle se me deshacía en la boca mientras iba en bicicleta a toda prisa. Sentí la náusea cernirse sobre mí. Sin pensar, escupí el chicle. Sobre la hierba. Sí. Debajo de la ventana del bloque de al lado (donde vive un montón de conocidos). Y el chicle, deshaciéndose como estaba, se quedó pegado al vuelo a un tallo herboso, alto, adornando el sendero y la vista desde las ventanas de mis conocidos, como un monumento al japo inocultable que yo estaba seguro se vería relumbrar día y noche como un grafiti fluorescente y tridimensional que anunciara que hoy pasó por allí el Jorge haciendo el chon como nunca, qué vergüenza, estos españoles, ya me parecía a mí un tío raro, te dije que cualquier día hacía una así, ¡linchémoslo!

Supongo que cosas de ésas, donde el instinto y los apetitos desaforados toman el control de nuestros actos, nos pasan a todos desde los planos más inocentes a los más serios. Yo ya tengo mi reflexión de hoy... o una de ellas. El resto irán a otro lugar.

Como el chicle.