jueves, 16 de abril de 2015

Por la ciencia (o no, pero de buen rollo)

Tomémoslo con humor...

http://hipertextual.com/2015/04/guia-de-pseudomedicinas

Estoy totalmente de acuerdo en que hay que ser critico con lo que se lee. Por eso me fui a la wikipedia, a los enlaces que ofrece el autor de la opinión arriba expuesta y a la página de la Organización Mundial de la Salud, a ver qué decían de la acupuntura. Sólo la OMS deja entender que la acupuntura funciona, pero no llegan ni a las trescientas referencias en un informe de 2002. Además, el hecho de que F. Mayor Zaragoza cuestionara el soberbio endiosamiento de determinados científicos, o que un pelagatos como Albert Eínstein buscara conciliar ciencia y creencia, me da mucho yuyu.

Por si a alguien no le dan las neuronas, esto es ironía: a día de hoy me inspiran más confianza la OMS, Mayor Zaragoza y Einstein que los aficionados.

El dogmatismo ("ciencia y medicina sólo hay una"), las contradicciones ("Una pseudociencia es [...] dogmática") y el escaso rigor científico o informativo de la entrada son tan evidentes que he de preguntarme si el autor no estará buscando precisamente alejar a los dudosos de la ciencia real. La otra opción es que no sea más que un artículo histérico de alguien que tiene miedo. ¿Por qué?

Y si eliminamos la parte "quierosercientífica" de la hilarante bitacorilla, ¿qué nos queda? Sólo éso que el autor llama "pseudomedicinas". ¿A cuál querrá atraernos?

El método científico no consiste en negar, sino en probar, en intentar, en investigar, en hacer una búsqueda independiente de la verdad, en huir de nuestros propios prejuicios y un largo etcétera de requisitos que el enlace presentado al comienzo de este artículo, simplemente, no reúne.

Y el argumento de que "la acupuntura no le funciona a todo el mundo", sea o no cierto, se olvida de que la medicina occidental TAMPOCO le funciona a todo el mundo - por tanto no sirve para descalificar al "otro".

No puedo evitar recordar la vez aquélla en que a un amigo mío le quitaron un dolor de cabeza por imposición de manos. Él no quería que se lo quitaran. No paró de mover la cabeza hasta que le volvió el dolor. Algunos pretendidos científicos son así... se enfadan y miran para otro lado, destruyen evidencias o rompen amistades que cuestionan su "espacio seguro". Pofale.

Tengo mucho que hacer en la vida y ya tengo otro autor con el que no voy a perder más mi tiempo. Además, mañana he quedado para hablar de física cuántica con alguien que tiene una cátedra en Física y que sí sabe de lo que habla. Ya os contaré.

domingo, 29 de marzo de 2015

Una comedia sobre un infiel

No, que nadie se asuste. No pretendo escribir nada tan poco original como una comedia sobre un infiel. Ya hay demasiadas. El hombre que tiene el plan con su amante y de repente se ve envuelto en la red de sus propias mentiras para jolgorio del público.

Y alguien podría decirme "Pues algunas de esas comedias están bien". Quizá. Cuando te has visto diez o doce, si te siguen pareciendo que estás bien, creo que tú y yo no nos vamos a entender hablando de arte en general. Así de claro. Ni de nada. Te seguiré queriendo, pero evitaré hablar de nada serio contigo.

También alguien podría decir que está bien que se ridiculice al adúltero (o al que lo intenta, para el caso). Ya. Eso estaría bien si al acabar la obra, el interfecto recapacitara, o sufriera las consecuencias de su comportamiento. No es el caso. Al final, todo queda perdonado, olvidado u oculto, y al hijoputa no le pasa nada, que ya el pobre ha sufrido lo indecible durante las dos horas de "comedia". Angelito.

No hay pautas ejemplarizantes. Engañar a la prójima es la juerga padre. De hecho, es difícil decir si la gente se ríe más de los apuros del sinvergüenza o de lo tonta que es toda la gente que le cree sus patrañas. Como si no tuviéramos demasiado ya de eso en la vida.

¿Estoy exagerando? Veamos. ¿Qué pasaría si el hombre estuviera poniendo los cuernos a su mujer con otro hombre? ¡Ah, el maricón! ¡Que le cercenen las gónadas! Pocos simpatizarían con él (probablemente, ni los homosexuales), no es el ideal que tenemos codificado social y genéticamente, queremos una hoguera donde arda y sirva de escarmiento a los que compartan sus calenturas. Hasta ahí podíamos llegar.

¿Y si fuera una mujer? ¡La muy zorra! Eso no se hace, pobre marido, tan entregado, tan cariñoso, tan inocente, tan tontolhigo, y ella le hace eso, pero ¡habráse visto! Si uno del público comienza a abuchearla (hagamos el experimento, si hay ovarios), en breve se unirán otros, será la mujer más odiada en las escenas europeas. No habrá simpatías más que para el verdugo, ¡oh, gentilhombre de bien!

Me niego a aceptar esto como comedia. Es un ejercicio de abuso, de sexismo, de perpetuación de comportamientos inaceptables, de transmisión de valores equivocados, de hipocresía, de aceptación y celebración de la mentira, de ignorancia del daño que se hace a tantas y tontas personas y un largo e ignominioso etcétera.

Quiero ver a las audiencias riéndose al ver los papeles invertidos, deseándole a la mujer que al final todo se le solucione, mofándose de un marido que sea generalizable por ser idiota (y es que idiotas somos todos, llegado el caso). Eso no va a pasar y nadie considerará a tal obra (cuando la haya) como una comedia real, y entre tanto yo ya no quiero ver más obras calcadas unas de otras.

Una infidelidad puede ser una comedia. Por lo general, tiene más visos de tragedia para la persona que tiene que cruzar puertas demasiado bajas para la longitud de sus cuernos. Que eso duele. Y como cuernos tenemos la inmensa mayoría de los que alguna vez hemos salido con alguien, seamos hombres o mujeres, al que no le duela, que se ría si quiere. Pero que no espere que alguien con inteligencia le siga, porque por las puertas que el riente bloquea con sus ignorantes astas no se va a ninguna parte.

domingo, 1 de marzo de 2015

¿Estás estudiando? No lo sabía...

Puede que sea demasiado borde. Podéis saltaros la bitácora entera e ir directamente al EJERCICIO del final.

Cierto, queda fuera del alcance del común de los mortales seguir todas las actualizaciones de todos los contactos en todas las redes sociales. Además, no he hecho tanta publicidad de ello (aunque lo mencioné en esta bitácora, entre otros lugares). Ya he dicho varias veces: hay gente que pregunta por interés en mi persona, o con cariño, y así, la misma pregunta de personas diferentes "suena" diferente. Por otro lado, hay preguntas lógicas, como por ejemplo:

- ¿Qué estudias?
- ¿Cómo van tus estudios?
- ¿Estás contento? (cfs con el "sigues" mencionado más adelante)

- ¿Puedo escuchar algo de lo que haces?
- ¿Qué has aprendido?
- ¿En qué sentido ha cambiado tu música?
- ¿Cómo ha cambiado tu percepción de la música?

Ésas son preguntas que me han hecho, que son lógicas, que pueden dar pie a un intercambio de opiniones (porque lo uno lleva a lo otro y al final acabamos hablando los dos interlocutores). Son preguntas que me gustan, y están presentadas en orden aproximado de frecuencia, siendo la primera la más común de esta lista. Son además preguntas cuyas respuestas van cambiando con el tiempo (excepto la primera, de momento), y por tanto no me aburre contestarlas.

Hay preguntas relativamente lógicas, pero administrativas, que me hastían soberanamente. Eso no es culpa del interlocutor, evidentemente.
¿Dónde estudias?
- A distancia [...]
¿Cómo haces los exámenes?
- No hay exámenes, hay trabajos, proyectos...
¿Por qué esa escuela y no otra?
- Por multitud de motivos.
¿En qué ciudad está eso?
- Qué más te da. Y yo no me acuerdo.

Pero veamos algunas otras preguntas que ya he mencionado en otros lugares, a cuyas respuestas no parece haber prestado atención mucha gente, a tenor de que se me sigue preguntando lo mismo (y ya contesto con piloto automático - me parezco al google, te doy la respuesta antes de que termines la pregunta). Incluyo comentarios de fuera del tiesto. Quizá me acuerde más tarde de algunas preguntas y las incluya. Obsérvese que, prestando la atención merecida a la primera de la lista anterior, cada uno puede encontrar mucho de aquello por lo que curiosea con un vistazo a la red, lo que parece ser demasiado trabajoso.

¿Para qué estudias?
- Para aprender.

¿Qué vas a sacar de eso? ¿Qué tendrás cuando termines?
- Ya estoy sacando. Estoy aprendiendo.

¿Cuántos años son?
- No lo sé. Me da igual. Son siete cursos de duración abierta. Llevo casi tres años.

¿Y vas a estudiar hasta el final?
- No sé. ¿Vas a vivir tú hasta el final?

A mí no se me ocurriría estudiar ahora.
- Ya. Por eso estudio yo y no tú.

¿Cuánto te cuesta?
- No me acuerdo. Pero tienen la información en sus páginas.

¿Qué título vas a tener?
- La titulación es algo así como Diplomado, creo. Pero me da igual.

¿Sigues contento?
- Sí.

¿Y si no puedes terminarlo, qué?
- Viva el optimismo. El día que no pueda seguir, que me quiten lo que llevo bailando.

¿Te van a pagar más en el trabajo?
- No lo he pensado, sigo sin pensarlo, y de suceder, será cosa mía y de mis jefes.

¿Vas a trabajar de ello?
- No. Me gusta mi trabajo. Esto es una afición.

Pero entonces, ¿por qué lo haces?
- Porque me gusta.

¿Nunca te han mandado a la mierda por borde?
- ¿Hay alguien un poco original por aquí cerca? Esta conversación ya huele.

Y lo que muy, muy, muy honrosas excepciones preguntan, y que ya mencioné al principio de esta bitácora, es: ¿Puedo escuchar algo de lo que haces?

¿Y qué es lo que nos quieres decir - que no te preguntemos?

En realidad, no es eso lo que quiero decir. Estas preguntas tan repetitivas, tan estereotipadas, me llevan a reflexionar acerca de cuántas preguntas iguales, vacías, desinteresadas o morbosas o todo ello, hago yo a la gente a mi alrededor, en mi día a día. Alguna vez se nos acusa a los "creativos" de intentar ser originales a cualquier precio - pero el precio aquí es hacer que la conversación merezca la pena para ambas partes, y no que para una (si no para ambas) sea una pérdida de tiempo, una ficción de relación humana tras una máscara de vacuidades.

EJERCICIO: querido lector, querida lectriz, reflexiona ahora sobre las preguntas que se te ocurrirían si alguien te dijera que una tercera persona ha pasado a mejor vida.
  1. Haz una lista de esas preguntas por escrito antes de pasar al número 2.
  2. ¿Cuántas de esas preguntas son originales?
  3. ¿Cuáles de esas preguntas harán sentirse bien al preguntado?
  4. ¿Cuáles de esas preguntas muestran un cariño desinteresado por preguntado y/o fallecido?
  5. ¿Cómo van a cambiar tu vida, o cómo podrían cambiarla, las posibles respuestas?
  6. ¿Qué preguntas de esas estarías dispuesto/a a contestar 15 veces si un día falleciera alguien muy, muy querido? ¿También 150 veces?
  7. ¿Qué preguntas (o sus respuestas) te gustaría ver de boca en boca si fueran sobre alguien muy querido para ti?
  8. Relee las preguntas. ¿Eliminarías alguna? ¿Modificarías alguna? ¿Añadirías algunas más?
  9. Ahora, obsérvate durante 24 horas. ¿Cuántas de las preguntas que haces asiduamente en diversos ámbitos merecen una reflexión así? ¿Cuántos ámbitos se te ocurren?
  10. En última instancia, caben otras reflexiones: ¿por qué lo hacemos? ¿cómo nos sentimos? ¿cómo ayuda a otros funcionar con este estereotipo? Y un largo etcétera.
Como de costumbre, estoy abierto a críticas y comentarios.

martes, 27 de enero de 2015

Tres de tecnología

Telecnología frente a gafas rosadas
La televisión y las redes sociales tienen en común que son formas de evasión: uno cierra los ojos frente al desorden (ya sea éste en sentido literal o figurado) e, inconscientemente, confía en que, cuando los abra, habrá venido Mary Poppins y todo estará en orden. O si lo prefieren, ponen la tapa al cubo de la basura y creen, inocentemente, que la próxima vez que levanten la tapa, el contenido habrá desaparecido por arte de birlibirloque. Y es un poco como ir a la ópera o al fútbol, si me apuran y permiten, y salvando las distancias, claro.

Las gafas rosadas, por contra, implican un cambio de actitud. No significa que no veamos el desorden o el cubo lleno: vamos a verlo, y vamos a saber que tenemos que ordenar y que vaciar el cubo. Al mismo tiempo, evitaremos montar dramas innecesarios y cargar al personal con esa basura que rehusamos tirar. Nuestra basura nos gusta. Sí, tendremos que despedirnos de ella algún día, si no queremos que, como dice Toño, un día aparezca vida inteligente allá dentro. Lo sabemos. Y ese día, montaremos una fiesta de despedida, gue bara essso denemos esdas gafas dan shulas. Sin amargar la vida al prójimo.

Valga eso como introducción.

Tele frente a redes sociales
Hace cosa de año y medio, nos presentaron en una reunión una serie de hechos demostrados por varios estudios, según los cuales, pasar mucho tiempo en redes sociales provocaba una reducción en la cantidad de materia gris del cerebro. ¿Ya os estáis riendo? No me extrañaría. Yo no me reí en su momento porque me pareció más absurdo que ridículo, y ello por varios motivos, relacionados con el seguimiento de la televisión:
  • ninguno de los estudios que yo comprobé mencionaba la presencia simultánea de otros factores posibles, como un seguimiento de varias horas al día de televisión
  • mientras que al seguir un programa en televisión, nuestra mente está mayormente pasiva, en las redes sociales estamos interactuando, léase, que nuestra mente está activa
  • přece jen (= después de todo), en las redes sociales nos estamos comunicando, luego tendría que ser igual que si quedamos para tomar algo con alguien, poco más o menos (al menos en cuanto a actividad cerebral)
Pero ¿seguro que todos estos puntos son tal cual parecen a simple vista? Veamos algunos de los puntos en los que se distingue que dediquemos nuestra mente a internet y/o redes sociales en vez de a esa televisión que tanto aborrezco:
  • brevedad: uno se acostumbra a la comunicación extrabreve, nada de ver una película entera (que ya es mucho más breve que leerse un libro) o un documental; esto nos afecta cognitiva y mnemónicamente;
  • el contenido en internet es, mucho más que el televisado, nuestra opción, por mucho que cambiemos de canal y por muchos canales de los que dispongamos; y también es una posibilidad por la que optamos mucho más fugazmente - léase, nos cansamos en seguida (y vuelta al punto de la brevedad, aunque en este caso no me refiera a comunicación);
  • "está escrito": eso significa que nuestra memoria relega al papel en lugar de sobrecargarse. Esto, que inicialmente es una ventaja en una sociedad con demandas crecientes a la memoria (a corto y largo plazo), supone que perdemos la costumbre de memorizar (había puesto recordar) información relacionada con las personas con las que tratamos, porque confiamos en el papel para que nos lo cuente;
  • posposición: cuando vemos información que nos interesa (entradas, tuits, comentarios, artículos, fotografías, vídeos, noticias), lo dejamos para otro momento, en lugar de aprovechar el momento, la oportunidad que tenemos. Esto altera nuestra percepción de la realidad, porque se convierte en fragmentaria, entre otros (no vemos el documental hasta el final, por así decirlo); además, nos convencemos de que no tenemos tiempo ahora mismo, cambiamos constantemente nuestras prioridades de atención en detrimento de la profundidad, del análisis, de la reflexión; no es menospreciable el efecto que pueda tener sobre la angustia o la depresión;
  • multitarea amplia y semejante, o pluriequimultitarea (polyequimultitasking, široko-rovno-multitasking): mientras vemos la tele, podemos leer, tricotar, tejer cestos de mimbre, planchar, hacer pilates, comer pipas o dar un masaje, por citar algunos ejemplos. Lo que sí que no haremos será cinco tareas a la vez. Por otro lado, uno puede navegar, y jugar, y leer, y estudiar varias materias, y chatear con varias personas a la vez en cada uno de los tres servidores de comunicación a los que está conectado - con la atención puesta en cada una de las tareas, que son excluyentes, cada una de ellas, de tricotar, tejer cestos, planchar, hacer pilates, comer pipas o dar un masaje, por citar los mismos ejemplos de antes. Algo me dice que la bitarea es más productiva para el cerebro y permite alcanzar mayores cotas de rendimiento y profundidad cognitiva que la que yo he llamado aquí pluriequimultitarea (para distinguirla de otras multitareas o de una bitarea) - más en en siguiente punto;
  • referido aún al punto anterior, las tareas físicas realizadas frente al ordenador se basan en estar sentado, teclear, pinchar con el ratón; frente a la televisión, pueden ser más variadas (jugar un solitario, correr sobre el terreno, estar tumbado, estar sentado, estar de pie... la motricidad fina se puede aplicar a tareas diferentes, y probablemente se aplique, aunque sólo sea para rascarse el higo o hurgarse en orificios cefálicos varios). Vamos, que hay una reducción en la diversidad de las tareas motrices.
Es cierto que alguien que se pase cinco horas diarias viendo lo que echen tendrá, con toda probabilidad, cierto deterioro de su materia gris. Desde mi punto de vista, existen razones para pensar que lo mismo le puede suceder a alguien que use internet en exceso. Y estoy por pensar que el umbral de ese "exceso"está mucho más cerca de la cotidianeidad del europeo medio de lo que queremos reconocer. Habiendo dicho eso, creo que, como en todo, lo mejor es la moderación (en caso de duda, moderarse aún más) y, por supuesto, buscar la variedad en la vida en el más amplio sentido de la palabra.

Ni que decir tiene que no se puede comparar un chateo con un quedar para tomar algo, y no creo que nadie lo ponga en duda - pero por si acaso, escribiré sobre ello también (eso sí, ya en otra bitácora).

Tecnolozombis
Creo que el reciente éxito de películas y novelas sobre muertos vivientes tiene, entre otras razones mencionadas en otras bitácoras (de otros grumetes) o en algunas reseñas (de otros críticos), un motivo añadido, y es que nos sentimos identificados con ellos. Vamos por la calle con el cerebro desconectado, mirando la pantalla que tenemos delante. Nos hemos chocado con algo, o con alguien, qué más da. Pero hete aquí que era un interfecto, y nos dice que parecemos un zombi. Léase, un muerto. Léase, alguien con encefalograma plano. Léase, alguien con muerte cerebral, o con un cerebro muerto, o... ¿Nos está llamando idiotas? Y en ese momento, no nos damos cuenta de que el engendro somos nosotros, sólo vemos que pertenecemos a especies diferentes y nos lanzamos a devorarlo. Quizá esto sea más para La invasión de los ultracuerpos (con Donald Sutherland) - bueno, creo que era ésa la película... pero seguro que sabéis de lo que hablo. Por eso no llamamos sublelo al empantallado que nos acaba de atropellar: sabemos que es comprar la única papeleta en una rifa de improperios o más.

La tecnología nos acerca a la nube, pero nos aleja de la gente a nuestro alrededor. Ya hace un par de años que procuro no realizar llamadas cuando voy por la calle, ni mirar el móvil a menos que sea algo urgente (claro que urgente es un vocablo asquerosamente subjetivo, y para cada uno el umbral está a un nivel diferente, por no hablar del número de casos que puede incluir). Recibo llamadas, pero procuro no hacerlas. Y no mando mensajes, ni caminando ni parado ni sentado, si puedo evitarlo. No me gustan. Los mismo se aplica a la guasa, o whasá, whatsapp o similares. Sé que todos lo tenéis. Yo necesito menos tecnología, aun a riesgo de reducir el contacto con gente a la que quiero mucho, mucho, mucho.

Hace años ya que procuro dejar el móvil en casa cuando salgo. O lo desconecto (por ejemplo, cuando tenía una cita, qué tiempos, aquéllos). Hay gente que se enfada, porque intentaron llamarme y no pudieron. Peor para ellos. El que quiera, que se enfade, que igual no me puede llamar para contármelo y yo seguiré tan feliz. Después de todo, no hace tanto que los teléfonos eran todos fijos. Y así, si voy por la calle, miro el paisaje, saludo a mis vecinos y me paro a hablar con gente (¡oh, bici, tan a tiempo que te robaron!), hago fotos o las encuadro con mi mente sin sacar la cámara (imaginación al poder), me dedico a pensar, a rezar, a ver formas en las nubes, a contemplar a Betelgeuze antes de que desaparezca, a identificar olores, y también, cómo no, a esquivar a los tecnolozombitos. Y a reírme de ellos. Faltaría plus.


Corolario
(ya ando cansado, iba a haber escrito colutorio - y ya me entró la duda de si estaré usando adecuadamente la palabra corolario o debería ir direZtamente a por conclusión)

Llevo ya una temporada alejándome cada vez más de las redes sociales. Por todos los puntos arriba expuestos, y por otros más que iré añadiendo, y porque eso de ser excéntrico me ha molado desde que describieron a Cruella de Vil como un poco excéntrica (me encanta su pelo), y porque me parece super-excéntrico salirme del tecnocentro, pues anuncio que, a fecha de hoy (26 de enero de 2015, cumpleaños de Bea), mi presencia en las redes sociales va a reducirse aún más, hasta convertirse en meramente esporádica, puntual, irregular, indigna de mención y anecdótica, como poco. O como mucho.

La excepción necesaria será la de las páginas web donde presente mis pensamientos o mis trabajos (si es que las podemos llamar redes sociales) y, por necesidades burocráticas y cardíaco-emocionales, el correo electrónico. Al resto, desde hoy las denomino redes asociales, porque, nos guste o no, es en lo que tienden a transformarnos, con mayor o menor éxito. Habrá quien diga que a él, a ella, no los afecta - enhorabuena, sin sarcasmo, seguro que es posible, ojalá sea eso válido todo el tiempo que queráis. Y sí, he recuperado el contacto con algunos amigos gracias a las redes sociales, y me alegro de haber recuperado ese contacto en muchos casos, o de haber mantenido otros. Y sí, voy a echar de menos a gente. Ahora mismo estoy echando de menos mirar a unos ojos amigos que, a su vez, estén mirando a los míos. Sin pantallas mediando.

Y las voces queridas, entre otros, también las echo de menos. Pero eso ya va para otra bitácora.

Repito: qué lejucos que está Santander... :( :( :( ¿Cuándo hacemos una mani para pedir el vuelo Budějovice-Parayas sin escalas y subvencionao?

miércoles, 31 de diciembre de 2014

A última hora del 2014

He tenido uno de los años más productivos de toda mi vida, y el número uno desde hace al menos 15 años. He escrito cientos de páginas, entre ensayos, bitácoras, cuentos, aforismos propios, poemas, canciones y otros trabajos. Además, he hecho cientos de dibujos. He avanzado en cinco instrumentos musicales (hablo de producción, no de creatividad - todavía no). Y muchas otras cosas que no voy a enumerar porque no tengo tiempo.

Además, ha sido uno de los años más creativos de toda mi vida, tanto en número de obras (léase el párrafo anterior) como en la diversidad de campos (escritura, composición musical, marquetería, fotografía, gastronomía, administración de espacios, diseño de varios tipos, y un largo etcétera). Todo ello, además, acompañado de un cambio en la forma de percibir las cosas, tan, pero tan amplio, que me llevaría horas describirlo, y ya lo tengo apuntado en otro lugar.

Ha sido un año de avances personales, académicos, laborales, artísticos, físicos. Tantos y de tal magnitud, que no me puedo creer que haya pasado sólo un año.

El 2014 ha tenido su lado triste: las despedidas definitivas.

Y sí, claro que hay cosas menos positivas (o más discutibles). Al respecto de ésas, tengo que mencionar algo que me dijo Zlatana una vez, y es que soy hombre y no puedo hacer dos o más cosas a la vez. No sé si tiene razón o no, pero me resulta más cómodo y práctico dársela y centrarme en una sola cosa - en este caso, en lo que de positivo ha tenido el 2014. Para mí, ha sido un año de 13 meses (véase por qué en bitácoras anteriores). Si me centro en las cosas malas, sería uno de los peores años de mi vida. Pero no le voy a dar ese gustazo a nadie. Ha sido, al contrario, uno de los mejores años de mi vida, hasta ahora, si no el mejor.

Y es que a partir de ahora, los años sólo serán mejores y mejores.


No ha habido pasos equivocados, ni los va a haber. Lo que a alguno pudiera parecerle un paso atrás, sólo es otro paso dentro del baile de la vida. Lo peor que podría hacer sería quedarme parado, y no tengo tiempo ni ganas para detenerme. Que siga la fiesta. Y el baile. Quien quiera bailar conmigo, le doy la bienvenida. Quien quiera bailar en soledad, me parece fantástico también. ¿Quién me concede este baile?

Sobre los necios

¿Qué formas conoces de ahorrar (más) gastando lo mismo? ¿Cómo se puede realizar una comunicación entre galaxias en tiempo real (léase, mandando la información a una velocidad mayor que la de la luz)?

Son dos preguntas que parecen indicar que me he dado un mal golpe, ¿verdad? Pues sigue leyendo.

Recuerdo cuando estaba trabajando en un pequeño estudio sobre la energía y su uso por las comunidades humanas. Unos cuantos se reían de mí, o me descalificaban en tono serio y paternalista, que yo estaba equivocado. En todo, básicamente. Lo más benéfico que oí fue algo así como "tienes que trabajarlo más, porque así no está bien". Hubo partes que se ignoraron, otras que se me discutieron, otras que se echaban abajo y punto. Una de las cosas que ponía era que no existe ninguna energía limpia (de las transformadas), y que no es sostenible buscar formas más efectivas de "producir" (léase, transformar) energía, sino formas de reducir el consumo. Había muchas otras ideas relacionadas con éstas. Como no encontraba apoyo entre aquellos a quienes consultaba, y yo creía que no andaba tan desencaminado, simplemente y por mis narices, lo publiqué, dentro de mi libro "Marchita a cuatro romanos, al revés".

Al poco, ya estaban algunos diciendo que yo se lo había explicado de otro modo, que así, puesto en papel, era diferente. Perdona: ya te lo había enseñado tal cual, sin cambiar ni una coma, en la pantalla del ordenador: vete a otro con el cuento de que tú llevabas pensando lo mismo desde hace lustros.

La mayoría sigue diciendo que no sé de lo que hablo. Por suerte, empezaron a surgir voces autorizadas diciendo cosas parecidas: que hay que reducir nuestras "necesidades" energéticas, y no aumentar la producción. Así que yo sé lo que me digo, y sigo esperando como araña en la tela a que venga la gente a decirme que siempre me habían apoyado, O que me lo dijeron ellos a mí, O que eso es algo que lleva apareciendo en los medios de comunicación desde las Tablas de la Ley, etc.

Así es que tiro otras: ¿formas de ahorrar gastando lo mismo? ¿comunicación intergaláctica en tiempo real?

Ambas son posibles. Ahora, ¿quién va a tirarme piedras? ¿quién va a decir que se lo inventó él/ella? ¿quién va a decir que eso ya es harto conocido todo? ¿quién va a decir que no sé de lo que hablo? Por favor: estamos en internet: si YA lo ha dicho alguien, mandadme los enlaces, que no me apetece perder tiempo diciendo algo que ya hayan dicho otros. Cuando lo tenga publicado con su ISBN y mi nombre en la primera página ya no me va a interesar nada de lo que tengáis que decir al respecto.

domingo, 21 de diciembre de 2014

De hechos y hacedores

Una de las cosas que me gustaría hacer de forma automática y que aún no he aprendido bien es a juzgar los hechos, y no a los hacedores. O, en terminología cristiana, el pecado y no al pecador.

No, no me considero cristiano ya desde hace unos cuantos años. Eso no significa que no admire ni tome como ejemplo la figura de Jesús de Nazaret, que me parece un patrón de conducta muy bueno. Y así, cuando oigo comentarios sobre la matanza en Pakistán, me pregunto qué habría dicho Él. Supongo que si dijera aquello de "el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra", lo habrían linchado.

Y lo cierto es que algunos comentarios en algunas conversaciones me han llevado a pensar acerca de cuán libre de pecado estoy yo. Dicho de otro modo: ¿cuántos niños inocentes mueren en el mundo por mi culpa? Claro, yo no ordeno ninguna matanza ni aprieto ningún gatillo; pero tanto desde la perspectiva de un existencialismo cancriano ("seguro que es culpa mía") como desde la de un bagaje cultural católico ("pecar por omisión"), desde el momento en el que obre en mi poder el conocimiento de mi parte de culpa, el no hacer nada me convertirá en cómplice.

Sí, condeno la matanza. Sí, aunque no soy juez ni soy Dios, condeno a los carniceros. ¿Contento, querido lector? Sin peros ni aunques ni sinembargos ni noobstantes.

Además, quiero confesarme.

Hoy estaba pensando en comprarme una cámara digital nueva. Supongo que nadie espera que justifique esta decisión, porque en nuestra sociedad actual, querer es adquirir y punto. Nuevamente, un deje cancriano me lleva a explicarme: que si tengo un proyecto publicable en mente, que si mi cámara vieja está para el arrastre, que si trabajo mucho y tengo derecho a darme un capricho, etc. Ahora bien, durante la comida salió el tema y salió la acusación y el veredicto (con el que estoy de acuerdo). Otólicamente hablando, el juzgar un hecho me lleva, necesaria y moralmente, a analizar hasta qué punto no estaré yo cayendo en lo mismo. Y pensé en la cámara de fotos, y en su digitalidad, y en que esa digitalidad está basada en componentes electrónicos, a su vez basados en coltán, y que el negocio del coltán está, a su vez, basado en el Congo, provocando una guerra que lleva varios millones de muertos y ni se sabe de refugiados...

Éste es el conocimiento de mi parte de culpa. No necesito una cámara nueva. Mi derecho a un capricho no puede quedar por encima del derecho de otros a una vida tranquila y segura, o de su mero derecho a seguir vivos.

¿Estoy exagerando? ¿Llevando las cosas a un extremo? Quizá. Yo no voy a juzgar a quien se quiera comprar todos los cachivaches electrónicos que le plazca, sin pensar de dónde vienen ni qué consecuencias tiene para otros seres humanos, renovando su parque electrónico al ritmo de todas las modas. El hecho, en sí, sí que lo juzgo: me parece demasiado inmoral para tener cabida en mi vida. El que lo quiera hacer, que lo haga. No creo que una persona sea inmoral por hacer algo inmoral: todos cometemos errores, y algunos son muy gordos. Quizá sea "amoral en ese aspecto". O no. No me interesa. Me interesa tan sólo cómo afecta esto a mi vida.

Tanta y tanta gente se queja de que sus niños juegan con móviles y con consolas y con tabletas y con drones y con la madre electrónica que los parió. Y como el victimismo mola, les compran más y más, para poder quejarse todavía más. No quieren saber. Están en su derecho. Yo tampoco quiero escuchar victimismos y estoy en mi derecho. Dame un victimismo y te daré conocimiento. No te llamaré inmoral, pero tú me llamarás radical, pese a que yo te dejo vivir como tú quieres y sólo me defiendo de tu lenguaje negativo.

Es una pena que no hables la lengua de Cervantes. Quién sabe. Igual este texto sirve para abrirle a alguien los ojos. O para que yo me dé cuenta de que estoy equivocado de principio a fin.

De momento, ya he sacado el cubo de la basura y puedo ponerme a trabajar en algo más entretenido y más positivo.