A algunos puede resultarles difícil de creer, pero el sentimiento de halago cuando nos dicen que somos dignos de confianza no es universal. Están, claro, los que se sienten abrumados porque no entienden qué ven los demás en ellos para considerarlos tan dignos de confianza. Y también están los que lo ven como un triunfo... diferente.
Hay gente para la que la mentira es una forma de vivir, de divertirse, de jugar – y sí, están jugando con personas, pero se diría que les da igual. Cuando pierden la confianza de una persona, no se sienten apenados en el sentido que entendemos normalmente de que "parece que el otro me quiere menos", sino, antes bien, en el de "miércoles, he perdido un pardillo al que podérsela colar". No han perdido un amigo, un amante, un cónyuge, sino una víctima.
Podríamos entrar en conjeturas de por qué esta gente es así y si tiene algún remedio. Yo no conozco el remedio. Tampoco sé si son más felices o menos que los que se alegran de merecer la confianza ajena, porque ésta conlleva una responsabilidad que puede ser un poco pesada a veces (en el sentido de sobrecarga, no en el de ser cargante) y que puede suponer cierto estrés en determinadas circunstancias... que el engañador "nato" no conoce.
Todo paso encaminado a ganarse la confianza de una persona supone, para estos engañadores, una montaña rusa un poco más alta... y otro metro... y otro más... y cuanto más suben, mayor es la adrenalina y el sentimiento de excitación e ilusión, inconscientes de cualquier riesgo. La vida es sólo un parque de atracciones. El hecho de que no haya un hogar de verdad ni amistades profundas no importa, porque el día que no les dejen subir a esa montaña rusa, se subirán a otra atracción. Hay muchas.
Yo sigo dando oportunidades a mucha gente a la que veo venir. Soy así de crédulo, inocente, cándido, confiado, optimista. Hasta un punto. A partir de ese punto, a lo máximo, juego a que la creo, al estilo de la canción de Luz Casal. O saco a esa gente de mi vida, porque, llamadme sibarita, a mi alrededor sólo quiero, cada vez más, personas auténticas.
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lunes, 25 de enero de 2016
domingo, 1 de marzo de 2015
¿Estás estudiando? No lo sabía...
Puede que sea demasiado borde. Podéis saltaros la bitácora entera e ir directamente al EJERCICIO del final.
Cierto, queda fuera del alcance del común de los mortales seguir todas las actualizaciones de todos los contactos en todas las redes sociales. Además, no he hecho tanta publicidad de ello (aunque lo mencioné en esta bitácora, entre otros lugares). Ya he dicho varias veces: hay gente que pregunta por interés en mi persona, o con cariño, y así, la misma pregunta de personas diferentes "suena" diferente. Por otro lado, hay preguntas lógicas, como por ejemplo:
- ¿Qué estudias?
- ¿Cómo van tus estudios?
- ¿Estás contento? (cfs con el "sigues" mencionado más adelante)
- ¿Puedo escuchar algo de lo que haces?
- ¿Qué has aprendido?
- ¿En qué sentido ha cambiado tu música?
- ¿Cómo ha cambiado tu percepción de la música?
Ésas son preguntas que me han hecho, que son lógicas, que pueden dar pie a un intercambio de opiniones (porque lo uno lleva a lo otro y al final acabamos hablando los dos interlocutores). Son preguntas que me gustan, y están presentadas en orden aproximado de frecuencia, siendo la primera la más común de esta lista. Son además preguntas cuyas respuestas van cambiando con el tiempo (excepto la primera, de momento), y por tanto no me aburre contestarlas.
Hay preguntas relativamente lógicas, pero administrativas, que me hastían soberanamente. Eso no es culpa del interlocutor, evidentemente.
¿Dónde estudias?
- A distancia [...]
¿Cómo haces los exámenes?
- No hay exámenes, hay trabajos, proyectos...
¿Por qué esa escuela y no otra?
- Por multitud de motivos.
¿En qué ciudad está eso?
- Qué más te da. Y yo no me acuerdo.
Pero veamos algunas otras preguntas que ya he mencionado en otros lugares, a cuyas respuestas no parece haber prestado atención mucha gente, a tenor de que se me sigue preguntando lo mismo (y ya contesto con piloto automático - me parezco al google, te doy la respuesta antes de que termines la pregunta). Incluyo comentarios de fuera del tiesto. Quizá me acuerde más tarde de algunas preguntas y las incluya. Obsérvese que, prestando la atención merecida a la primera de la lista anterior, cada uno puede encontrar mucho de aquello por lo que curiosea con un vistazo a la red, lo que parece ser demasiado trabajoso.
¿Para qué estudias?
- Para aprender.
¿Qué vas a sacar de eso? ¿Qué tendrás cuando termines?
- Ya estoy sacando. Estoy aprendiendo.
¿Cuántos años son?
- No lo sé. Me da igual. Son siete cursos de duración abierta. Llevo casi tres años.
¿Y vas a estudiar hasta el final?
- No sé. ¿Vas a vivir tú hasta el final?
A mí no se me ocurriría estudiar ahora.
- Ya. Por eso estudio yo y no tú.
¿Cuánto te cuesta?
- No me acuerdo. Pero tienen la información en sus páginas.
¿Qué título vas a tener?
- La titulación es algo así como Diplomado, creo. Pero me da igual.
¿Sigues contento?
- Sí.
¿Y si no puedes terminarlo, qué?
- Viva el optimismo. El día que no pueda seguir, que me quiten lo que llevo bailando.
¿Te van a pagar más en el trabajo?
- No lo he pensado, sigo sin pensarlo, y de suceder, será cosa mía y de mis jefes.
¿Vas a trabajar de ello?
- No. Me gusta mi trabajo. Esto es una afición.
Pero entonces, ¿por qué lo haces?
- Porque me gusta.
¿Nunca te han mandado a la mierda por borde?
- ¿Hay alguien un poco original por aquí cerca? Esta conversación ya huele.
Y lo que muy, muy, muy honrosas excepciones preguntan, y que ya mencioné al principio de esta bitácora, es: ¿Puedo escuchar algo de lo que haces?
¿Y qué es lo que nos quieres decir - que no te preguntemos?
En realidad, no es eso lo que quiero decir. Estas preguntas tan repetitivas, tan estereotipadas, me llevan a reflexionar acerca de cuántas preguntas iguales, vacías, desinteresadas o morbosas o todo ello, hago yo a la gente a mi alrededor, en mi día a día. Alguna vez se nos acusa a los "creativos" de intentar ser originales a cualquier precio - pero el precio aquí es hacer que la conversación merezca la pena para ambas partes, y no que para una (si no para ambas) sea una pérdida de tiempo, una ficción de relación humana tras una máscara de vacuidades.
EJERCICIO: querido lector, querida lectriz, reflexiona ahora sobre las preguntas que se te ocurrirían si alguien te dijera que una tercera persona ha pasado a mejor vida.
Cierto, queda fuera del alcance del común de los mortales seguir todas las actualizaciones de todos los contactos en todas las redes sociales. Además, no he hecho tanta publicidad de ello (aunque lo mencioné en esta bitácora, entre otros lugares). Ya he dicho varias veces: hay gente que pregunta por interés en mi persona, o con cariño, y así, la misma pregunta de personas diferentes "suena" diferente. Por otro lado, hay preguntas lógicas, como por ejemplo:
- ¿Qué estudias?
- ¿Cómo van tus estudios?
- ¿Estás contento? (cfs con el "sigues" mencionado más adelante)
- ¿Puedo escuchar algo de lo que haces?
- ¿Qué has aprendido?
- ¿En qué sentido ha cambiado tu música?
- ¿Cómo ha cambiado tu percepción de la música?
Ésas son preguntas que me han hecho, que son lógicas, que pueden dar pie a un intercambio de opiniones (porque lo uno lleva a lo otro y al final acabamos hablando los dos interlocutores). Son preguntas que me gustan, y están presentadas en orden aproximado de frecuencia, siendo la primera la más común de esta lista. Son además preguntas cuyas respuestas van cambiando con el tiempo (excepto la primera, de momento), y por tanto no me aburre contestarlas.
Hay preguntas relativamente lógicas, pero administrativas, que me hastían soberanamente. Eso no es culpa del interlocutor, evidentemente.
¿Dónde estudias?
- A distancia [...]
¿Cómo haces los exámenes?
- No hay exámenes, hay trabajos, proyectos...
¿Por qué esa escuela y no otra?
- Por multitud de motivos.
¿En qué ciudad está eso?
- Qué más te da. Y yo no me acuerdo.
Pero veamos algunas otras preguntas que ya he mencionado en otros lugares, a cuyas respuestas no parece haber prestado atención mucha gente, a tenor de que se me sigue preguntando lo mismo (y ya contesto con piloto automático - me parezco al google, te doy la respuesta antes de que termines la pregunta). Incluyo comentarios de fuera del tiesto. Quizá me acuerde más tarde de algunas preguntas y las incluya. Obsérvese que, prestando la atención merecida a la primera de la lista anterior, cada uno puede encontrar mucho de aquello por lo que curiosea con un vistazo a la red, lo que parece ser demasiado trabajoso.
¿Para qué estudias?
- Para aprender.
¿Qué vas a sacar de eso? ¿Qué tendrás cuando termines?
- Ya estoy sacando. Estoy aprendiendo.
¿Cuántos años son?
- No lo sé. Me da igual. Son siete cursos de duración abierta. Llevo casi tres años.
¿Y vas a estudiar hasta el final?
- No sé. ¿Vas a vivir tú hasta el final?
A mí no se me ocurriría estudiar ahora.
- Ya. Por eso estudio yo y no tú.
¿Cuánto te cuesta?
- No me acuerdo. Pero tienen la información en sus páginas.
¿Qué título vas a tener?
- La titulación es algo así como Diplomado, creo. Pero me da igual.
¿Sigues contento?
- Sí.
¿Y si no puedes terminarlo, qué?
- Viva el optimismo. El día que no pueda seguir, que me quiten lo que llevo bailando.
¿Te van a pagar más en el trabajo?
- No lo he pensado, sigo sin pensarlo, y de suceder, será cosa mía y de mis jefes.
¿Vas a trabajar de ello?
- No. Me gusta mi trabajo. Esto es una afición.
Pero entonces, ¿por qué lo haces?
- Porque me gusta.
¿Nunca te han mandado a la mierda por borde?
- ¿Hay alguien un poco original por aquí cerca? Esta conversación ya huele.
Y lo que muy, muy, muy honrosas excepciones preguntan, y que ya mencioné al principio de esta bitácora, es: ¿Puedo escuchar algo de lo que haces?
¿Y qué es lo que nos quieres decir - que no te preguntemos?
En realidad, no es eso lo que quiero decir. Estas preguntas tan repetitivas, tan estereotipadas, me llevan a reflexionar acerca de cuántas preguntas iguales, vacías, desinteresadas o morbosas o todo ello, hago yo a la gente a mi alrededor, en mi día a día. Alguna vez se nos acusa a los "creativos" de intentar ser originales a cualquier precio - pero el precio aquí es hacer que la conversación merezca la pena para ambas partes, y no que para una (si no para ambas) sea una pérdida de tiempo, una ficción de relación humana tras una máscara de vacuidades.
EJERCICIO: querido lector, querida lectriz, reflexiona ahora sobre las preguntas que se te ocurrirían si alguien te dijera que una tercera persona ha pasado a mejor vida.
- Haz una lista de esas preguntas por escrito antes de pasar al número 2.
- ¿Cuántas de esas preguntas son originales?
- ¿Cuáles de esas preguntas harán sentirse bien al preguntado?
- ¿Cuáles de esas preguntas muestran un cariño desinteresado por preguntado y/o fallecido?
- ¿Cómo van a cambiar tu vida, o cómo podrían cambiarla, las posibles respuestas?
- ¿Qué preguntas de esas estarías dispuesto/a a contestar 15 veces si un día falleciera alguien muy, muy querido? ¿También 150 veces?
- ¿Qué preguntas (o sus respuestas) te gustaría ver de boca en boca si fueran sobre alguien muy querido para ti?
- Relee las preguntas. ¿Eliminarías alguna? ¿Modificarías alguna? ¿Añadirías algunas más?
- Ahora, obsérvate durante 24 horas. ¿Cuántas de las preguntas que haces asiduamente en diversos ámbitos merecen una reflexión así? ¿Cuántos ámbitos se te ocurren?
- En última instancia, caben otras reflexiones: ¿por qué lo hacemos? ¿cómo nos sentimos? ¿cómo ayuda a otros funcionar con este estereotipo? Y un largo etcétera.
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miércoles, 29 de octubre de 2014
Visitas
Algunas visitas llegan a tu casa a violentarla. Parece que no han entrado y ya han visto toda la casa sin que a ti te de tiempo a decir que no quieres que esa puerta se abra. Hasta los armarios por dentro, si te descuidas. Apoyándose en cualquier cosa que te impida contestar a gusto (es tu jefe, o tu abogado, o tu médico, o tu suegra, o un policía, qué se yo), sacan su Míster Hide más horripilante y te miran hasta el cajón de la mesita de noche. Y entre eso y los comentarios, cuando se van, sólo quieres llorar. Te sientes sucio, utilizado, deshonrado, inútil, indigno.
Esas visitas abusadoras no son necesariamente coincidentes con las que vienen para encontrar algo que criticar. A este segundo tipo lo detectas ya sin que vengan a tu casa, no necesitan sacar su Hide - basta con oírles hablar de las casas que han visitado y darse cuenta de que ponen a todo el mundo pingando, y sabes que tú no vas a ser la excepción: tu casa será la misma cutrez que la del resto de sus familiares, amistades, conocidos y vecinos. Faltaría más.
Corolario: Cuando alguien viene a verte por quinta vez y se mete en tu dormitorio, sin pedirte permiso, para ver la vista desde la ventana, vista que ya conoce, no ha ido a verte a ti. Ha ido a fisgarte.
Luego están los que se esfuerzan por ver algo bonito en tu casa, pero no les sale. Y cuando ya hacen mucho esfuerzo, dicen algo así como "Me gusta este sitio para un jarrón". Ya. Pero no para este jarrón, ya me he dado cuenta. Estas visitas son prácticamente inofensivas, uno preferiría que no dijeran nada, pero frente a los tipos anteriores, son unos benditos. Y casi con toda probabilidad, te hablarán de lo bien que les atienden en tal o cual casa cuando van. No es por hacerte sentir mal. ¿O sí? El caso es que sabes que igual de bien hablarán a tus espaldas, aunque delante tuyo pongan sonrisa de comelimones.
Hay gente que viene a tu casa, abre la nevera, se sirve un vaso de algo, guarda la botella, tú lo ves y sientes un calorcito por dentro, casi hasta un placer, porque sabes que la persona lo hace con confianza, y que tú en su casa podrías hacer lo mismo. Hay otra gente que viene a tu casa, abre la nevera, se sirve un vaso de algo, guarda la botella, tú lo ves y sientes pena por esa persona, porque sabes que no lo hace con confianza, sino aprovechándose de que tú se lo permites o que no dices nada (que para el caso). Dos personas realizando la misma acción, pero que no están haciendo lo mismo.
Hay gente que viene a tu casa y buscan inspiración, ideas, algo que halagar. Tengo que decir que, normalmente, cuando voy a un sitio por primera vez, yo soy de los que buscan ideas. No veo si hay desorden o no, porque no me interesa. No veo si está la vajilla sucia. No veo si tienen una tele último modelo. Me interesa cómo puedo vivir mejor, tener una vida más cómoda, un espacio más acogedor para mí y los que quiero... Cuando viene alguien así a mi casa, se lo noto en los ojos, en el cambio de tono al hablar, en esa aproximación física, una casi veneración que les impide atreverse a tocar eso que les gusta... No sé si yo pondré la misma cara cuando algo me gusta, pero a los que me visitan y son así, se les nota.
Y luego están las visitas que vienen a verte, y tienen ojos sólo para ti. Entiendo que a todos nos puede la curiosidad, más o menos (hay veces que, realmente, ver a la otra persona es tan emocionante que, aunque estés por primera vez en su casa, no sabes ni en qué espacio has estado, si salón, cocina, balcón o cuarto de baño). ¿No os pasa a veces, que vais a ver a un pariente o amigo y, aunque miréis en todas direcciones, no veis nada porque estáis más centrados en la persona, en cómo se siente, en qué le preocupa, en lo que te va a contar?
Como cangrejo, me identifico con mi vivienda. Es una extensión de mi ser. Me tomo muy en serio aquello de que la hospitalidad es un concepto muy complejo, y que no se debe ofender al hospitalario, porque está confiando en ti. Eso mismo exijo a los que me visitan. Aunque tenga la casa desordenada (como suele ser habitual), prefiero que la gente me critique por falta de cuidado que por falta de hospitalidad. Claro que hay excepciones: a alguna gente no le doy la oportunidad. Y es que hay visitas que no deberían producirse nunca, so riesgo para la salud de los habitantes de la casa visitada. Que el que luego se queda en mi casa viviendo soy yo, y no me apetece chuparme las malas energías de nadie.
¿Y tú? ¿Qué tipo de visitante eres?
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