jueves, 29 de octubre de 2020

Del stand-by, tercios y psicópatas

Hace ya bastantes años que estaba yo compartiendo piso. A la otra persona le gustaba ver la televisión, y planchar, y cocinar al horno, y ver películas y escuchar música en su torre de alta fidelidad. Algunos de esos aparatos, cuando estaban apagados, permanecían “a la espera” o, como se le llama en inglés, “en stand-by”: una lucecita insignificante indicaba dicha espera, listo el ingenio a funcionar a pleno rendimiento en el momento en el que alguien apretara el botón adecuado del “(yo) mando a distancia”. Yo insistía en que, por insignificante y despreciable que fuera aquel gasto, era una cuestión de principio ético-ecológico no malgastar a lo bobo una energía que podría utilizarse de un modo mejor o, simplemente, no utilizarse.

(Recordemos: la energía más ecológica es aquélla que no se utiliza)

La factura de la luz, en aquel entonces, llegaba una vez al año. Aquel año fue el doble de lo que había sido el año anterior. Me puse muy serio. Insistí, nuevamente, en que no se dejara ningún aparato eléctrico o electrónico a la espera. Claro, seguían estando la plancha, el horno, la nevera y otros grandes consumidores de electricidad, así que me esperaba una reducción simbólica, máxime cuando la factura llegó en marzo (con un 25% del año ya consumido al ritmo del anterior) y más tarde pasé un mes fuera de casa, sin controlar la situación y sabiendo lo que iba a haber. Léase, un tercio del año se consumió electricidad al mismo ritmo que en el Año Terrible.

Sin embargo, cuál no sería mi sorpresa al llegar la siguiente factura y ver que la plancha y el horno no eran tan feroces, comparativamente, como uno podría pensar: el consumo en kW·h se había reducido en un tercio—vigilando el gasto dos tercios del año.

Uno no puede menospreciar esos tercios. Tienen una fuerza que le pueden tumbar a uno la economía doméstica. Del mismo modo, tampoco conviene hacer la vista gorda a los stand-by. Hay que vigilarlos

De hecho, si hablamos de tercios y de stand-by, es inevitable reflexionar sobre el primer debate de la campaña por la presidencia de los EE.UU de este año. Cuando al presidente en funciones le pidieron que condenara el supremacismo blanco, contestó de forma ambigua y le pidieron que fuera claro. Se negó a condenar si no era a un grupo concreto. Le mencionaron a los Proud Boys. La respuesta del presidente fue “Proud boys, stand back, stand by”—o dicho de otro modo, “Chicos orgullosos, echaos atrás, permaneced a la espera”. A la espera de que alguien diga “mando” (a distancia). Mientras los tertulianos televisivos debatían el verdadero significado de aquella frase y los acólitos del hombre naranja defendían la inocencia de su lenguaje, los Proud Boys no perdieron el tiempo y se hicieron camisetas con la frase, aclarándole las ideas a cualquiera con voluntad de ver.

Yo no sé qué recursos energéticos estarán consumiendo, aparte de lo que consuma la gente atemorizada por esa respuesta ominosa. Personalmente, al oír la expresión “stand-by”, no puedo evitar pensar en tercios; y en que es una frase, en este contexto, con sentido doblemente marcial, dirigida, también, a tercios.

A los vigilantes tercios de Donald Trump.

lunes, 26 de octubre de 2020

Las narices en otros países

Se me sorprendía hoy un británico viviendo en los EE.UU. de que el resto del mundo esté tan interesado en la política estadounidense, y que quizá a mí también me sorprendería si la gente metiera las narices en la política checa.

Lo cierto es que la política de los distintos países está tan interconectada que todos tenemos intereses en muchos otros países, decenas de ellos, lo sepamos o no. No hablo sólo de nuestros socios en la Europa comunitaria. El que China tenga política expansionista nos afecta y, por tanto, legitima nuestro interés por saber qué se cuece allí—y quién lo cuece. El que hubiera una guerra del coltán en la República Democrática de Congo debería interesarnos más de lo que lo hace, y deberíamos meter nuestra pituitaria allí. El que haya países que no protejan sus bosques y haya países que motiven a los primeros a no respetar sus bosques y su biodiversidad es algo que nos afecta a todos. El que haya muchos países emitiendo mercurio a la atmósfera y arrojando plásticos al mar, o el hecho de que prácticamente todos los países estén contribuyendo al calentamiento global, hace que no sólo tengamos curiosidad por saber qué pasa en otros países, sino que lo raro sería que no la tuviéramos.

En ese contexto, los Estados Unidos de América, durante años, nos han vendido la moto de que son el país más importante del mundo, el más fuerte, el que tiene más autoridad. Se han erigido como árbitros en conflictos que, realmente, les atañían bastante menos como nación que los que nos atañen hoy algunos de los que he mencionado más arriba. Pero el hecho es que tenían esa autoridad. Nos gustara o no, era, y sigue siendo, un país poderoso, y si bien era capaz de ser el matón del colegio, también tenía más capacidad que nadie para salir en defensa de los débiles—cosa que los otros matones lo sabían muy bien.

Hoy en día, la política exterior de los EE.UU. se ha olvidado de su defensa de los débiles, así como de sus aliados. El país con más capacidad para tener bajo control a los otros matones se ha hecho amigo de esos matones. Está perdiendo autoridad, respeto, fuerza, confianza. Y todo ello se debe a una situación política.

El hecho de que el aliado más fuerte de la Unión Europea se esté convirtiendo en un trágico hazmerreír en el tablero de juego de la política internacional nos afecta a todos los europeos, porque desequilibra las fuerzas y hay unos cuantos afilándose los dientes sobre Europa. Otro hecho, el de que uno de los países más industrializados del mundo se eche atrás en todos los acuerdos ecológicos firmados por ellos, nos afecta a todos, al respirar, al comer, al beber. El que el árbitro deje de mirar a los jugadores para, en su lugar, arengar a los hinchas e instarlos a saltar al terreno de juego a linchar a quien les apetezca, no puede llevar el partido a buen fin. Y eso, que el residente naranja de la Casa Blanca hace en sus mítines contra sus adversarios políticos, es sólo un reflejo de lo que está provocando en el resto del mundo.

Cuando un comediante o un payaso hace un chiste, nos reímos o no. Si hace un chiste sobre política, nos reímos o no. Si es un buen payaso, o cómico, o cuentachistes, y nos habla de teorías de la conspiración, nos reiremos. Es su trabajo. Cada uno tiene que dedicarse a lo que sabe hacer. Un político puede hacer chistes, claro; pero tiene que hacerlos en su contexto, no en los contextos en los que todo el mundo espera que hable en serio. Y es que la gente se lo cree. Y se lo creen en todo el mundo. Ello me afecta más de lo que me gustaría. Veo a gente educada, formada, con valores morales, inteligente, que de repente se han transformado en lo que denostaban no hace tanto. Algunas de esas personas me son muy cercanas y queridas. No, no es culpa únicamente de un político: el político es un síntoma y una consecuencia de algo que viene de más atrás, evidentemente. Sin embargo, el político en cuestión está contribuyendo a extender y profundizar el mal, dotándole de nuevas fuerzas, apoyos y dimensiones; jugando en el patio de su colegio, sí, pero llegando hasta el patio de mi casa, que es particular.

Claro que meto las narices en la política estadounidense. Hay demasiado en juego. Por mí, por mis seres queridos, por mis amigos, por mis estudiantes, por la naturaleza, por los que han muerto y van a morir por sus acciones, por quienes no tienen voz, meto mis narices donde mi olfato me dice que debo meterlas.

P.S: Mi respuesta al británico: I'm afraid I can't answer to this shortly, so I'll focus on two points only :D in my case, what happens in the US affects me directly, among other things because my partner is from the US and living there. Believe me, that is not the strongest or most direct way the US politics affect me, but the other are too painful to talk about them. Out of the personal, what happens in the US has a direct resonance in the politics of many other countries, and I think people are becoming more and more aware of that fact. I'm not an expert on international affairs, so just an opinion.

Of course, there is also an evasive element: one focuses on political affairs that are distant enough to avoid ruining their moods about the close ones, which they feel they can't change either :D maybe with the hope that, if something changes elsewhere, it may as well turn out better at home.

martes, 22 de septiembre de 2020

Las tragedias de los ricos

(NOTA: algunos amigos míos están viajando a tope este año, y aunque yo no lo haría, no les digo nada, es su vida y no dudo de que tengan motivos muy válidos; y si sus motivos no son válidos, tampoco me los venden como impepinables; esta bitácora va sobre otra cosa, y sobre una actitud repetida que, en este caso, se ha manifestado en el tema del viaje; y ya dejo de excusarme antes de empezar a escribir)

Estamos en 2020. Tenemos internet y acceso a la información. De hecho, nos bombardean con más de la que nos gustaría, y así, nos creamos esa información o no, es difícil que no hayamos oído hablar del covid-19, del cambio climático, de los incendios forestales generalizados por todo el planeta, de la inquietud social en EE.UU., de la guerra en Siria, del genocidio saudí en Yemen, de China alcanzando el puesto de primera potencia económica del mundo a costa de las libertades de millones de personas (entre otros adorables motivos), de que la crisis de inmigración no ha terminado y de que, en general, es un año que va a dar para muchas películas. Es un año en el que hay muchas personas sufriendo, bien sea por daños directos, bien por las paranoias que se crean y/o creen (aplíquese indicativo o subjuntivo a placer de quien me lea).

Entre todas las tragedias, la que más me ha tocado la fibra sensible ha sido una que me han contado hoy (atención: estamos en modo “sarcasmo”—por siaca). Me cuenta cierta persona que su hija y el novio de ésta están a la espera de un segundo test de covid-19 (no sé si hoy o mañana), que ya han dado negativo, pero que, si uno de ellos da positivo, no les dejan embarcar a un vuelo a las Azores, pasado mañana, y perderán 1.500 €.

El que no está mal es porque no quiere, francamente. Contesto con una versión edulcorada de “es que a quién se le ocurre”. “A ver, es que no se les podía haber ocurrido, porque” (atención) “compraron el billete en junio”.

Me dicen eso en septiembre de 2020.

—Bueno, francamente, no me da ni pizca de pena, es una imprudencia viajar en estas circunstancias.

Me rebate que, a veces, uno necesita (sí, ese fue el verbo, “necesitar”) viajar para desconectar (no por trabajo, ni por ayudar en una crisis humanitaria, ni por la ciencia, no: por placer). Me niego a dejar las cosas así.—Ha habido vuelos en los que, por un tarado, se han infectado todos los otros pasajeros. En un año como éste, es una irresponsabilidad.

—Si nos ponemos así, no podríamos hacer nada.

Digo algo así como:—No estoy de acuerdo— y me voy, dando por terminada la conversación. He intentado que su tontería se estrelle contra la pared de la realidad, aunque sé que no va a funcionar, va a ver mi falta de solidaridad con su victimismo como falta de empatía o de voluntad por hacer amigos. Me da igual.

Podría haberme puesto más beligerante: “Si te falta imaginación para hacer otras cosas, y conocimiento para saber lo que es un problema real; si te falta consciencia para ver que hay gente que no tiene 1.500 € al año para alimentar a su familia; si viajar tú o tu familia te parece una necesidad pero te parece que son todos los demás con cada uno de sus actos quienes están provocando esta crisis sanitaria con la que tanto disfrutas creando ese alarmismo del que me acusabas a mí en los primeros días de la pandemia; si no ves más allá de tu ombligo, sí, entonces entiendo que es una tragedia; y ahora que ya nos hemos puesto de acuerdo, si me disculpas, tengo más que hacer”. Pero preferí dejarle con la palabra en la boca y que se sintiera incomprendido en vez de atacado.

Ya comentaba en otra bitácora que nacer con estrella, a veces, es nacer estrellado en el campo del desarrollo de determinadas habilidades cognitivas. Hay que ser un poco más crítico con uno mismo. Y sí, hay que criticar al gobierno que a cada uno le toque; pero si no hacemos nosotros nada, si no cambiamos ni un ápice de nuestro comportamiento para adaptarnos al ideal que les exigimos a los demás, quizá no seamos más que unos hipocritillas y nos merezcamos la tragedia que estamos fomentando.

Cuando oigo a un afortunado ponerse victimista en medio de la tragedia ajena, no puedo evitar pensar que lo que necesita no es desconectar con un viaje, sino despertar con una tragedia real en carnes propias. Ojalá se despierten todos los ricos victimistas antes de que sea inevitable.

lunes, 31 de agosto de 2020

Jerarquía moral para principiantes

 (copiado de mi cuenta de tuiter)

A todos esos que llenan sus muros (reales o reticulares) de críticas (razonables) a la violencia callejera, a la destrucción de estatuas, a la falta de respeto a la propiedad ajena... pero no hacen ni-un-solo-comentario-negativo hacia las muertes que desencadenaron esa violencia: creo que deberíais dejaros mirar esa falta de coherencia, o de información, suponiendo que sea eso—o esa falsa moral. ¿Cómo se puede quedar uno silencioso ante un asesinato y luego rasgarse las vestiduras porque la gente reacciona rompiendo cosas? Y ojo: no defiendo la reacción, sólo estoy hablando de poner primero las cosas más importantes. Los Diez Mandamientos vienen por orden jerárquico, y el respeto a la vida ajena viene antes que el respeto a la propiedad ajena. Por algo será, ¿no?

Evidentemente, si uno no es cristiano, lo que digan los Mandamientos le puede importar bien poco (o no), pero si uno presume de conducta lo suficientemente ética como para criticar al prójimo, que se plantee el ejercicio básico de decidir si prefiere que le roben o que lo maten. La Regla Dorada, el no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan, o tratar al prójimo como nos gustaría que nos trataran, es un buen punto de partida para estas cosas. Después, sin pensar quién es el que hace qué, quizá podamos ver con mayor lucidez qué acto es peor.

Como digo, aquí hablamos de dos actos que a ninguno le gustaría sufrir en carne propia. Criticar sólo uno que es, jerárquicamente, menos malo (y reparable) puede indicar demasiadas cosas y ninguna positiva: falta de empatía, de información, de coherencia, o... la existencia de algún interés personal.

Por qué me preocupo de la política de un país que no es el mío, pensará alguien. Pues entre otras cosas, porque ya no es lo que la gente ponga en sus muros, sino la moto que la gente me intenta vender cuando habla conmigo o cuando me mandan basura en mensajes privados. Que alguien no lo vea como basura no cambia el hecho de que *es* basura. Es desinformación. Es manipulación. Es "correo no deseado". Estoy hasta los cataplines y no voy a esperar a estar hasta algo más gordo, ya he empezado a silenciar a amistades y familiares. Porque estar expuesto a esta basura hace daño permanente a nuestra capacidad de discernir (hay abundantes estudios psicológicos que lo demuestran). Veo gente muy querida que cree resistir los embites, pero... es un autoengaño.  

Termino con dos pregunta abiertas, inspiradas por una cita de F. Nietsche: "Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti". Y las preguntas:

1. ¿Hasta qué punto es posible dejar de luchar con un monstruo sin negarse uno a sí mismo?
2. ¿Hasta qué punto es posible y/o deseable adoptar una postura neutral?

Feliz comienzo de semana a las personas de buena voluntad.

lunes, 22 de junio de 2020

Se visten como p...

Esto va de política. Y de moral. De ver qué nos importan más, si las personas o los objetos físicos. De ver si tenemos valores o si los confundimos con sus símbolos.
Seguro que han oído esa burrada, que culpabiliza a la víctima, ¿no? "¡Cómo no va a haber violaciones, si algunas se visten que parece que van buscando jaleo!". A veces, se lo oímos decir a algunas mujeres. Nada de criticar al "pobre" violador, que no pudo hacer sino seguir sus instintos, en la situación en la que le habían puesto.
Y esa situación no era otra que ver pasar a una mujer guapa delante suyo. Pongamos que le pasaran muchas mujeres guapas por delante, y muchas vestidas de esa forma que algunos califican como "de buscar jaleo". Llevemos las cosas al extremo y pongamos que ese hombre sienta deseo sexual desde los 13 a los 83 años.
Son 70 años de sufrir provocación. Pobre hombre. Y algunas desconsideradas lo provocan, vistiendo como lobas. Claro, luego pasa lo que pasa, ¿no?
Estoy siendo sarcástico (por si acaso). Así que, no, la culpa no es de la mujer. Si pinto mi casa, no es una invitación al grafiti. Si aparco mi coche cerca de alguien con una llave en el bolsillo, no es una invitación a que me lo raye. Si alguien dice la sandez de que algunas se lo buscan, no es una provocación para que le respondan a la sandez dejándolo sin dientes (pero igual una bofetada no le vendría mal).
Estoy de acuerdo en que no viene mal ser consciente de que hay mucho descontrolado por ahí; pero ese descontrolado también puede rayar tu coche, robar tu bici, quemar tu casa, secuestrar a tus hijos mientras juegan en el parque, y en todos esos casos, está claro que el culpable es el descontrolado. El porqué está claro: ha atacado al sistema.
Sólo que, en este sistema nuestro, en el que todos somos iguales pero unos somos más iguales que otros (gracias, George Orwell), existen minorías con menos derechos. Y la mujer es una de esas minorías.
Resulta curioso (por llamarlo de alguna manera) que muchos de quienes culpan a la mujer también acusen a "los negros" (a todos y cada uno) por la destrucción de estatuas que estamos viendo en muchos países. Son malos, son de izquierdas, están organizados, luego vamos nosotros y blablablá. Yo estoy en desacuerdo con la destrucción de estatuas, pero cuando llega a su "destitución"... Mira, llevémoslas a los museos. Pero es que eso tampoco satisface a los que defienden los derechos las estatuas (y algunos, además, a los violadores). Poco importa (a ellos) que los motivos por los que se derriban las estatuas sigan existiendo. Habrá organización, no lo dudo, y elementos de izquierdas o de derechas (que también), y manipulación, pero el hecho es que el racismo lleva cientos de años existiendo. La esclavitud encubierta sigue existiendo en campos que darían, cada uno de ellos, para un reportaje exhaustivo. No son 70 años, ésos que veíamos más arriba, sino cientos de años.
No defiendo la destrucción de las estatuas, porque no estoy a favor de ella. Yo preferiría que se bajaran las estatuas y se colocaran en museos con explicaciones pertinentes, para que no se olvide la Historia, incluso los individuos y comportamientos denostables, e intentar, con ello, que se repita con menos frecuencia. Entiendo las protestas, porque hay una historia varias veces centenaria de opresión, de injusticia, de crímenes impunes. Que sí, que la ha habido también hacia los blancos, pero... primer, seguimos dominando, y segundo, no hablo de hacer justicia histórica, sino de solucionar un problema actual. No es lo mismo que un niño pegue con todas sus fuerzas a un adulto a que sea al revés. O que alguien cansado y malnutrido pegue a alguien fuerte y preparado. El acto en sí de pegar es malo; el nivel de maldad de cada actor es diferente.
Vamos a ver si me centro. ¿Qué quiero decir?
Lo que quiero es denunciar esa disonancia cognitiva (o hipocresía, quizá), por la que algunos quitan culpa a un hombre "provocado" (sic) pero se la aumentan a un colectivo oprimido y harto de estar oprimido, tan harto como lo estaríamos todos en su situación. ¿Qué es más importante, la integridad de las personas o la de las estatuas?

Algunas personas argumentan que una estatua representa "unos valores, no es sólo un objeto físico". Y yo estoy de acuerdo. Hay estatuas y monumentos que nos recuerdan valores morales, hazañas, ideales. En ese sentido, cada ser humano sobre la Tierra es un recuerdo de valores morales, de hazañas y de ideales que se nos escapan. Es cierto que un monumento, de forma ideal, debería mostrar esos valores de un modo universal; pero existe el peligro de que esos valores se identifiquen con el objeto que los representa, que el objeto se deifique, cayendo en la idolatría, y que se sieguen vidas por defender un objeto material. La Estatua de la Libertad no es la Libertad.
No es lo mismo estar reprimido que ser oprimido. Según algunos “popletas”, o confundidos, el reprimido tiene derecho a atentar contra personas y los oprimidos no tienen derecho a atentar contra objetos. Es la confusión moral a la que lleva adorar a becerros de oro.
Protejamos a la mujer, protejamos a las minorías, y después ya hablaremos de las estatuas. Que igual estamos adorando a las efigies de personas equivocadas olvidándonos de lo que es realmente importante—y luego (ahora sí que sí) pasa lo que pasa.

domingo, 24 de mayo de 2020

Opening churches

Opening churches amidst the covid-19 pandemic can provoke an increase in the number of cases, and in fact that has been the case already in countries, states and regions that have decided to open their churches. It would be the same in any country opening them: in Spain, in the US, wherever. Now let's imagine there was somewhere a president who, despite plenty of evidence proving otherwise, would present himself as a defender of Christian values. However, this imaginary person would insist in opening the churches because his voters, maybe, want it. At first sight, this would look as a backfiring statement: wouldn't his voters and those more likely to listen to him be the main affected ones by the disease and die at a higher rate? Wouldn't that lead him to lose the elections?
That is only one possibility, as there are other maquiavelic ways of thinking. Let's review some facts.
  1. As we know, the disease has a higher mortality rate among the elderly and those with pre-condictions, i.e. those that are being paid by the Government or by insurance companies. Spreading the disease as much as possible means that there are higher probabilities of getting rid of a big number of rentiers. In other words, less money spent on them, more money for those in charge and for our imaginary president.
  2. Apparently, the disease is affecting ratial minorities at a higher rate. If our imaginary president was a racist (no matter how much he would deny it, we would probably find plenty of tweets and statements on video proving he is), this would lead to a reduction in the proportion of members of other races than his own. In this "imaginary" environment, the whites have better access to medical services, among other useful measures to survive.
  3. The poor are also more affected, which means that the wealthy close friends of our imaginary president would not be affected, because they would be able to pay for medical care. And if they couldn't afford it, there is their friend, making sure he would get the medical attention for them with a word only (he wouldn't pay for it even if it were for his closest relatives).
  4. In the country of our imagination, the unemployment rate would have rocketed, with tens of millions newly unemployed people. However, those dying because of being unemployed and therefore being unable to pay for health care would not apply for a job afterwards. They wouldn't get any unemployment aid, they wouldn't make unemployment figures bigger, someone may get a job and our imaginary president would be able to sell that as his big success.
  5. If our imaginary president would go against the recommendations of anybody else (doctors, scientists, European teenagers and other well-informed people) regarding the opening of places of worship, that would create disunity between those reasonable and those swallowing every BS coming from our imaginary idiot's mug. Together with the fear in the country, in the end that would make the population much more manipulable.
  6. God is omnipresent and therefore you don't need to go to a place of worship. Even though there are reasonable people that know this and would stay home, having a number of non-sensical ones getting infected and spreading the disease would ensure that both sides of the political spectrum would get infected at the same rate, which would eventually balance the "casualties" on our imaginary president's side while boosting the other "advantages".
  7. Our imaginary president has the Napoleonic syndrom of willing to see his subjects dying because of loyalty to him, especially when that proves that they have bigger faith in him than they have in God.
  8. It is said that Nero, the Roman emperor, burnt down Rome, his own capital city, pretty much out of fancy. Whether a true story or just a necessary myth that our civilization created over the real Great Fire of Rome, this our imaginary president would share a lot with the mythical Nero: he would be a destroyer out of fancy. On top of that, having destruction around would always help him find somebody else to blame for both his actions and insufficiencies—and people would be willing to act on those blamed by their "leader"!
There are many other reasons for opening places of worship amidst a pandemic if you are a hedonistic psycho in power of any country. Let's hope there is no such in the world nowadays. Right?

lunes, 18 de mayo de 2020

Jake Tapper and Alex Azar

Jake Tapper asked Alex Azar a few questions. It was disappointing.

https://www.youtube.com/watch?v=GhEu-jTTQmQ

There is an interesting question (tracking time 4:00). Why is the virus affecting more the US than other countries in the world?

I found that question unfair. Looking at the data, one may realize that there are developing countries, and even developed countries, where the number of tests per million people is a fraction of what the US has (which is still less than 1 person tested every 20). So maybe those countries are doing far worse than the US and nobody is aware of it. Maybe they're not doing that bad (out of testing, there are other explanations as of why the covid is spreading more slowly in Africa, e.g. the population movements are not comparable in size, frequency or distance to those in the developed countries). The fact is there is not enough data to tell and one can use that lack of information in either direction—for example, to make an unfair question.

However, I am not saying it is unfair to ask an unfair question. You look stressed, Mr. Azar. What about getting rid of that burden? Tell the truth: you were late. Or you had a plan to kill the elderly and the minorities (see note (1) below). Or whatever the truth is. Or a well constructed lie.

(1) Azar said "Unfortunately, the American population is a very diverse and, ehr..." (tracking 6'30''). Was that a Freudian slip? Then he mentions how African American and minority communities are more affected. Is that why the slow response? The elderly getting a pension, the sick, the racial minorities...

Yet Secretary Azar chose to say something easy to demonstrate wrong. "We are testing more than other countries or than other major countries [...]". In absolute numbers, yes (although it is not and it never was "more than the other countries combined", like the president once said). But let's have a look at the numbers:


The data are from the day before the talk, which should be the most current information they both had related to the matter. And it seems out of the big countries, Spain, Italy, Germany, Russia (you can't get bigger than Russia) and the UK have all more tests per capita than the US.

Spain, Russia, the UK, Italy, France and Germany, combined, had 1,369,078 cases, which is 138,695 less cases than the US. When it comes to testing, the six European countries combined had 19,661,006 tests, which is 8,135,381 above the US (more than 70% above, or if you prefer, more than 170% of the US figure)

In other words, as if Secretary Azar's body language wasn't giving enough hints, the table proves he was lying. Like master, like dog.

"Other countries are not testing asymptomatic individuals in any way like we are doing". Partially true there. South Korea was testing asymptomatic. Now they don't need to, because they've flattened the curve. Iceland tested the asymptomatic too (1,802 positives out of 56,742 tests may give you an idea of their rate of testing). On the other hand, it is true that there are many countries doing a bad job and, under certain criteria, doing a poorer job even within the developed world. Yes, there are countries that are doing a bad job. The question is why the US Government is not doing a better job when it easily could.

Because testing is not the responsibility of the Federal Government, according to the president. It is for the Governors to accomplish such task, isn't it, crazy Ald? But the merit, yeah, that one goes to his shoulders:




I had heard better things from Azar and I was expecting a more direct response from Tapper. However, it almost seemed the latter was playing for the Government in this video. Really, a double disappointment.