lunes, 19 de noviembre de 2012

Por qué prefiero un concierto a un partido (entre otros motivos)

Un título un poco largo, quizá, considerando que no quiero hacer una entrada de bitácora demasiado larga... Advierto que esta entrada va dedicada a dos personas concretas, muy concretas.

En fin, que me gusta ir a los conciertos, porque puedes comentar la jugada, disfrutas con lo que ves o sufres, hay veces que no sabes cómo va a acabar aquello, en inglés, en checo, en alemán se refieren a lo que hacen en el escenario con el mismo verbo que utilizan para lo que se hace en un campo de juego (play, hrát, spielen)...

Hay muchos motivos por los que prefiero un concierto a un partido. Mientras estábamos viendo el partido ayer, los diez minutos de mi vida que desperdicié, no pude evitar recordar mis pinitos en el tenis o el squash o las palas o el ping-pong (de los cuales, el único que se me ha dado bien alguna vez fue el tenis). El que haya jugado a cualquiera de ellos, sabe que cuando uno no llega a la pelota, puede ser por varios motivos, entre otros:
  1. porque no hay tiempo para llegar
  2. porque no reacciona a tiempo
  3. porque está reventado
  4. porque teme reventarse
  5. porque quiere regalarle la pelota o el punto al contrario.
Una vez que has pasado por cada uno de los puntos anteriores varias veces en tu vida, aprendes también a reconocerlo en los demás. En diez minutos escasos, hubo ejemplos del 1, del 4, y ¡oh, vergüenza de las vergüenzas!, del 5. En ambos contrincantes. Y eso jode. Que si son los mejores del mundo y cobran como tales, podían al menos recordar que no están ahí para jugar a la caballerosidad, sino al tenis.

Pero quién sabe, lo mismo me equivoco. Peores fueron los comentarios de mis compañeros de salón, carentes totalmente de objetividad, como si supusiera denigrarse el decir la verdad de un deportista, compatriota o no, bueno o malo. Y uno no puede abrir la boca para decir que esa pelota sí que fue buena, y no las que celebraban con anterioridad, porque se te ríen y que tú no entiendes.

Nadie entiende el deporte, según el resto. Y nadie entiende la música según uno mismo. Vas a un partido, y opines lo que opines, se te reirán de ti los que opinen algo diferente, o se enfadarán contigo, o reaccionarán de cualquier otra forma que ponga de manifiesto su complejo de inferioridad. Vas a un concierto y cualquier cosa que opines es válida, porque es tu derecho cómo percibas la música, si te gusta o no y qué parte te gusta, si prefieres la forma en la que interpreta algo una persona u otra. El que se riera de tu opinión sería gilipollas, y como todo el mundo lo sabe, nadie lo hace.

Hay mucha gente que va a los partidos como se va a los conciertos. La pena es que suelen quedarse callados por la cuenta que les trae. A mí me encantaría ver un partido en silencio. Eso sí, un buen partido, como los que dicen que fueron el viernes y el sábado. Porque, querido y simplísimo ríesedetodo, hay mucha gente que me ha comentado ya hoy que lo de ayer fue una vergüenza. Y si te ríes de mí porque no entiendo, discúlpame que no sea [.ti.ri.ro.ra.] y que haya hecho más en el mundo del tenis que hablar de ello.

Entre que te animas a sacarte la corrosión del cuerpo, jugar un partido y demostrarme que me equivoco, ¿por qué no te vienes a un concierto?

viernes, 2 de noviembre de 2012

¿Qué es el arte?

Una cosa es cómo lo defina el diccionario y otra como lo sintamos. He leído docenas de definiciones de arte, sin exagerar ni un poco, he participado en muchos debates y oído argumentos opuestos. Presento ahora algunos de los puntos que más me han gustado de los distintos debates y definiciones:
  • el arte es una forma de comunicación: hay un emisor (o artista), un receptor (o espectador), un medio, un código, un mensaje; de ello se deducen los siguientes dos puntos:
  • el arte contiene ideas: reflexiones, filosofía, formas de entender el mundo, ideas políticas, y no sé si incluir aquí los sentimientos o separarlos;
  • el arte se (re)produce en la mente del espectador: lo mismo que en todo proceso comunicativo, el receptor tiene que volver a elaborar el mensaje que enviamos, tanto si es nuestro receptor ideal como si es uno accidental; tiene que formar ideas en su mente (que nunca serán exactamente las que enviamos, pero a menudo serán bastante aproximadas);
  • el arte contiene normas: es gracias a esas normas que la comunicación es efectiva; pero también hay normas estéticas, que pueden variar con el tiempo; y hay normas que pueden producir una limitación aparente (eliminar una letra del teclado) que fuerzan al artista más allá de sus límites y pueden servir como inspiración;
  • el arte no es competición: hay deportistas que son auténticos artistas en sus especialidades, que se basan en competición y en ganar. Sin embargo, y pese a todas las posibles competiciones y concursos artísticos, la finalidad primera del arte no es ganar ni ser mejor que nadie, ni siquiera ser mejor que uno mismo;
  • el arte puede servir para ganarse la vida: o dicho de otro modo, el que alguien produzca una canción, una película, un libro, un videojuego, una casa, para sacarse unos cuartos con ello, es perfectamente lícito y no descalifica al arte. Si lo hiciera, los frescos de la Capilla Sixtina, muchas sinfonías de Mozart, catedrales por todo el orbe y tantas y tantas obras no podrían clasificarse como arte, puesto que su origen estuvo en un encargo por parte de alguien dispuesto a pagar por ello;
  • las formas de arte se justifican por sí mismas: no necesito música para justificar que la pintura es una forma de arte, ni necesito de la literatura para justificar la naturaleza artística del cine; en caso contrario, estaríamos hablando de una sub-forma de otra.
  • el arte te ayuda a entender o comprender el mundo: porque no es lo mismo entender que comprender; y el arte puede ayudar a ambos, dándonos nuevos puntos de vista o profundizando en los que ya tenemos;
  • el arte te puede ayudar a ser mejor persona: por el punto anterior, y porque te ayuda a darte cuenta de que no estás solo en el mundo; te ayuda a eliminar estrés, agresividad, y otras cosas que, cuando te cargan demasiado, pueden hacer que, sin querer, las intentes descargar sobre los demás; te enseña a valorar el trabajo de los demás, y a valorar el propio; sin embargo, no es una función primordial del arte;
  • el artista y el consumidor no siempre son la misma persona: mientras que todo artista es consumidor de arte, o espectador, no se puede confundir a éste con aquél. Escuchar música no es una forma de arte, ni lo es jugar a un videojuego o vivir en una casa.

sábado, 18 de agosto de 2012

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Tras unos cuantos años de lucha, consigo encontrar una escuela de composición que me va, que me gusta lo que ofrece, que es compatible con mi trabajo, que me puedo permitir. Quiero apuntarme. Entonces, me llegan unos apuros económicos inesperados, causados sólo en parte por un fallo de cálculo, en parte por unos pagos inesperados, en parte por un ataque de caridad en el peor momento, en parte por una bajada de sueldo, y en parte por dos tres atrasos en sendos otros tantos cobros.

Consigo apuntarme a la escuela, por fin, tras otras peripecias varias, entre otras, que mi banco no quería enviar la matrícula en un solo pago (pese a ser una tercera parte de otros pagos que sí me dejó realizar en su día). Y empieza la aventura.

La aventura de la composición iba a ser más accidentada de lo que yo pensaba. De hecho, lo sigue siendo. Hay que tener un programa (con lo que yo ya contaba) y acceso a Spotify (también contaba con ello). Sólo que en la Rep. Checa no hay acceso a Spotify. Bien, aprovecharé el verano para ello. Pues no: sice tenía acceso a Spotify (que por arte de birlibirloque sigue siendo accesible desde mi ordenador de vuelta a la Rep. Checa -!!!!- ), pero ni las fuerzas, ni las energías,... Fui haciendo pequeños progresos. Intenté comprarme el programa. Problema: la compañía no acepta que se haga el envío a un país diferente de aquél en el que está registrada la tarjeta de crédito. Vale. Intento comprarlo en una tienda física. En la tienda rehúsan darme precios por teléfono, que mande un correo electrónico. Aún estoy esperando la respuesta.

Me harto, compro el programa para que me lo envíen a mi casa, con fecha de entrega el 8 de agosto. Lo entregan el 6, yo en España, pero bueno, al final tuve el programa. Entretanto, había estado escribiendo la música con otros programas (uno diferente y una versión anterior del recién comprado), mientras intentaba contactar con el profesor, pero los emilios se me rebotaban, acusados de ser correo basura por un seleccionador automático.

¡No hay forma de instalar el programa! Resulta que hay que tener Windows Vista Platform Update, que me volví loco para saber lo que era, pero bien: DOS DÍAS actualizando el ordenador, y ni así. Ya me harto, pincho en el icono del punto-exe y me voy. Vuelvo a las tres horas. Sí, ahora me deja instalarlo. Instalado.

Instalado... y funciona. No me lo puedo creer. Ni debería creérmelo demasiado. Acabo el proyecto 3, y para el proyecto 4, simplemente, se niega a funcionar. Léase: se niega a funcionar como debería hacerlo. Los instrumentos que selecciono suenan diferente. Intento diferentes combinaciones, apagar, encender, me niego a pasarme una semana desinstalando y reinstalando, tiene que haber otra manera.

(Ni que decir tiene que después de pelearme unas cuantas horas con el chip, no tengo ni las fuerzas ni el humor para intentar escribir nada, y así van pasando los puñeteros días y mis ideas están sólo en el papel. Y todo esto, que debería hacerme reír, es tan sólo la punta del iceberg).

Intento contactar con la compañía. Aunque tengo derecho a 90 días de apoyo técnico, no tengo ningún código que me permita pasar del contestador automático a un ser de carne y hueso. No me lo han mandado. ¿O lo he perdido? "Introduzca su dirección de correo electrónico y se lo reenviamos". Introducida. "No existe ningún código asociado con esta dirección". ¿Por qué me sorprende? No hay forma de llamar ni de escribir. Tras horas (repito, horas) de navegación por la página web de la compañía, encuentro un lugar en el que puedo enviar una consulta. La envío. Me informan, automáticamente, de que en media hora me llegará un correo electrónico confirmando la recepción de mi consulta. Han pasado 50 medias horas y no he recibido tal confirmación. Y que en 1-2 días laborables, se pondrá en contacto conmigo un ser humano.

Soy impaciente por naturaleza. Tengo una versión antigua del programa, ¿no? Pues a por ella. Otro ordenador, otro SOdW otra versión de Windows (XP en vez de Vista), otra versión del programa, ganas renovadas y una determinación a no dejarme avasallar por las dificultades como pocas veces. Ponme un obstáculo delante y te enseñaré cómo salto.

Por primera vez en todos estos años que lo llevo utilizando, los instrumentos del programa en su versión antigua han empezado a hacer las mismas locuras que me hacen en la versión nueva. Creí que era una pesadilla. No lo era. Y ya no pude evitar llorar.

Si las dificultades nos hacen crecer, peazo de compositor que voy a ser. Y recuerdo: aquí sólo escribo una parte, la más anecdótica. Alguien que me quiere muy mal tiene que estar riéndose mucho en algún lugar de algún universo o alguna dimensión. Que le aproveche. Y que rece.

sábado, 11 de agosto de 2012

Un posible ABC de la ciencia

Parafraseando a mi amigo T., las opiniones son como las posaderas: todo el mundo tiene un par. En mi posadérica opinión, un posible ABC de la ciencia podría ser el siguiente:

A de Adelanto, de Avance, de Ayuda, de Ánimo. Sí, claro, la ciencia se compone de avances, pero ¿nos ayudan a todos? ¿Nos hacen avanzar a todos? Los científicos, ¿animan al resto a que mejoren, o los miran por encima del hombro porque ellos "no entienden"? Conozco científicos que se preocupan de que los demás sepan, de que aprendan, de que entiendan, de que avancen. Son minoría: conozco muchos más que se enfadan cuando les pregunto algo y no saben contestar. Pero en fin, a lo que vamos: A de algo que nos ayuda a avanzar a todos.

B de Bienhacer, de Bienestar, que podríamos combinar con la A de Altruista. No se trata sólo de avanzar, sino de hacerlo hacia algo mejor.

C de Colaboración, de Construcción, de Conjunto, de, por y para la Humanidad y el planeta.

Claro que podríamos hacer un alfabeto entero, con estas posibilidades o con otras. Permítanme ahora un pequeño reduccionismo, y quedémonos con una letra tres veces. Porque, a mis jovencísimos 40 años, me voy volviendo ligeramente excéptico, y muchas veces parece que a la ciencia la mueven las tres P:

PODER: te doy dinero para tus experimentos si con ellos consigues que dominemos el planeta. También es posible empezar con el vecino más débil, o con el adversario más odiado por el resto, o por quien tenga más petróleo o más oro. Quiero ser Dios en la Tierra.

PRESTIGIO: claro, claro que te haré el más poderoso sobre la Tierra; pero quiero que me lo reconozcas y me pongas mi nombre con letras de oro en todos los libros de Historia; y si hace falta, ya le robaré el invento a otro, o impediré que el suyo salga adelante, aunque sea más barato, de mejor calidad y más bonito.

PASTA: o plata, o pelas, o poderoso caballero; para qué nos vamos a engañar, quédate con mi nombre y mi invento, pero cúbreme de oro.

Ya, ya sé que estoy llevando las cosas al extremo, como siempre. Al extremo opuesto del de algunos que están en el extremo opuesto al mío, no sé si me explico. Repito: conozco científicos a los que podría nombrar, que se merecen todo mi respeto y más, y que no se merecen que yo escriba esta bitácora. ¿Por qué lo hago, entonces?

¿Por qué lo hago? Por Marte. Por la NASA. Por el Curiosity (curiosidad). Porque no puedo considerar la llegada a Marte de un montón de hierros un progreso de la Humanidad, de una Humanidad que consigue poner una bandera yanqui a millones de kilómetros, pero no consigue llevar pan ni agua potable a unos miles de kilómetros, a veces ni siquiera al otro lado de la esquina; que no consigue poner a políticos corruptos en la cárcel; que no consigue devolver a los papúes esa media isla que les robaron en los años 60 (y donde hoy en día están extrayendo oro esos mismos yanquis que han llegado a Marte... hm... ¿he dicho oro? ¿tendrá algo que ver?). Escribo esta bitácora porque en el mundo siguen aumentando los casos de sida y de malaria, y la gente muere de cáncer y de diabetes y de alzheimer y de un largo etcétera, sólo porque no hay gónadas masculinas para ponerse de acuerdo, concentrar esfuerzos y avanzar, aunque sea de forma anónima (el Puto Prestigio). Lo escribo porque hay científicos que usan la ciencia para justificar la muerte de seres inocentes, sólo por ser de otro genotipo (por ejemplo). Escribo esto porque me deja cierto sabor amargo el que la gente se llene la cabeza de "éxito científico" mientras seguimos inmersos en catástrofes humanitarias inacabables, en medio de las cuales incluso las guerras del coltán son un večerníček. La llegada a Marte de un cachivache es sólo una curiosidad mars más de un sector de la ciencia al que, hoy en día, no encuentro motivos para respetar. Entre otras cosas, porque tengo todo mi respeto concentrado en quien me ha demostrado merecerlo más que los constructores de curiosidades.

Una vacuna contra la malaria, el cáncer, el sida, y ya puestos contra la codicia, la maldad o la envidia, sería un progreso más significativo, la verdad. El que no lo vea es gilipollas.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Soy responsable

Soy responsable. Culpable. De problemas ecológicos. De problemas sociales. De crímenes contra la Humanidad. Me gusta vivir cómodamente. Cuando algo me va mal, culpo a los demás en lugar de ver qué puedo hacer yo por cambiar el mundo, por cambiar mi mundo. Cuando Eva me da la manzana, es su culpa si yo la muerdo, o la de Dios por darme hambre, o la del árbol por dar fruto, o de la serpiente por no tener patas. Así, no soluciono la vida de otros, ni la mía. Son consciente de ello. Sólo este momento. No quiero vivir con complejo de culpa, porque así no se puede vivir. Yo seré bueno, y el resto serán malos. No cambiaré, ni mi vida ni a mí mismo, que más vale malo conocido. Y cuando me digas que estás mal porque estás enfermo, compararé mi situación con la tuya porque han dejado de emitir mi serie favorita. Así ha funcionado el mundo desde siempre, y así es como tiene que funcionar. No quiero salir de esta Segunda Edad Media de oscurantismos disfrazados de siglos de después del de las Luces (los siglos traslúcidos). Se vive muy bien imaginando lo que producirá las sombras sobre el cristal iluminado. No estamos en una caverna, sino en una jaula de cristal, se vive mejor, con más luz. Aquí no llueve, no hace frío, y aunque me queje, nadie puede sacarme de aquí.

Hasta el día que alguien coja una piedra y nos despierte a todos por la fuerza.

martes, 31 de julio de 2012

Víctimas y victimistas

No voy a hablar de políticos. Voy a hablar de él, de ella, de ti y de mí. De la gente "normal".

Es que no es lo mismo. No son lo mismo uno que se queja y un quejica. No es lo mismo Marta Sánchez que Sancho Martínez. No es lo mismo un funcionario que otro.Y no es lo mismo ser víctima que ser victimista.

Fui a renovarme el DNI y el pasaporte. El mismo día. Para el DNI me atendió un hombre de mediana edad, sonriente, silbando, hizo comentarios graciosos. No se hizo el gracioso ni el simpático, sino que fue gracioso, simpático, agradable y me alegró el día. La pena fue que no me lo encontrara a él en segundo lugar: para el pasaporte, me remitió a una compañera suya que no me miró a la cara ni para ver si era yo el de la foto del documento; apenas miró el ordenador, porque estaba mirando un catálogo de moda. No me contestó al saludo. Una compañera suya incluso le llamó la atención: "Niña, que ya lo tienes" (el pasaporte acabado). Llegué a decirle que, si no tenía tiempo para dedicarme, que volvía otro día, para no molestarla (en su lectura de catálogos de moda en tiempo de trabajo que pagamos todos, por cierto).

Si estos dos fueran a protestar por una bajada de sueldo, resulta que el señor estaría protestando con todas las de la ley; pero la señora sería una geta acabada. El señor se merece un ascenso y una subida de sueldo; ella, el despido con una patada en el culo y sin indemnización.

Ya, ya oigo a algunos, Jorge, eres un sexista del guano, seguro que la señora tenía mejor cutis que tú y le cogiste rabia. Vamos con dos mujeres haciendo el mismo trabajo, también funcionarias. RPI: Registro de la Propiedad Intelectual. Fui con una consulta a la oficina provincial del RPI en Santander. Me recibió una mujer que lleva menos de un año en su trabajo. Mi consulta era, por decirlo suavemente, peliaguda, y yo era consciente de ello. La mujer, que me atendió de forma más que correcta, buscó la información en los libros, en las últimas actualizaciones en la red del Ministerio, escuchó toda la explicación de lo que se trataba, entendió de lo que le hablaba, me explicó la terminología, hizo lo que pudo y más. Salí de allí más que contento con su trabajo y su esfuerzo, y ello a pesar de que no hubo respuesta definitiva. Al final, me mandó un correo con la información de la oficina central en Madrid para que preguntara mejor allí.

Llamé. Dos veces. La primera no cogió nadie, y eso que dejé sonar el teléfono bien de rato. Pero bueno, todo el mundo puede tener un apretón en un momento dado.A la segunda, una voz de mujer al otro lado me replicó, casi sin dejarme terminar de hablar, que tenía que contactar con mi oficina provincial. Le expliqué que, precisamente, de mi oficina provincial me remitían, porque no sabían darme una respuesta. "Pues, ¿desde qué provincia llama?" (con un tono de "pero ¿en qué atraso viven fuera de esta oficina?". "Desde Cantabria". "Digame (voz de abandono)". Le explico la situación. Me contesta que no puedo registrar algo que no es mío. Le explico que es mío más de un 90% y el resto es obra huérfana. Me repite que no lo puedo registrar, porque no es mío. Le recuerdo que Bach y Beethoven también hacían variaciones sobre temas de otros y nadie pone en duda que esas variaciones son de Bach y Beethoven. Al final me dijo que lo intentara registrar y que ya lo juzgaría un examinador del RPI. Vamos: contribuyente, paga, y luego ya veremos si te damos algo por lo que hayas pagado. Eso sí, yo no voy a pasarte con un examinador, porque no me lo has pedido, porque no se me ocurre o porque no me da la gana. Eso sí, sin humildad, hasta ahí podíamos llegar.

Y se me ocurre que estas dos mujeres presentan, de nuevo, dos extremos: la primera quizá sea víctima, quizá no lo sea, de prejuicios por parte de su compañera de La Capi; de su novedad en el puesto; de la burocracia que hace que al más pintado le tiemble el pulso cuando viene un Jorge Otolio a registrar algo menos frecuente; y no menos importante, quizá sea (o no) víctima de todas las crisis que tenemos aquí (de valores bursátiles y morales, por citar dos grupos). La segunda mujer, si se le ocurriera quejarse un día, sería victimista.

Hay más casos. Me decía una enfermera hace poco que "vendrán los pacientes y esperarán que les pongamos buena cara, con lo que nos están haciendo desde el Gobierno". Ahá. Así que, como a ti no te gusta ser víctima, vas a ser verdugo. Qué bien. Y encima, te parecerá mal que te bajen la paga. Mientras que hay otras enfermeras que no se quejan, porque están demasiado ocupadas tratando de hacer que el paso por el hospital sea para los pacientes lo menos desagradable posible. No es lo mismo esta segunda enfermera que la primera. ¿O es que tengo yo la visión distorsionada?

Y es que demasiados, demasiados se suben a un carro que no es el suyo. Que si tienes una hipoteca para poderte independizar, y te bajan el sueldo, y te quitan la paga extra, y ya andabas justo, y a tu mujer la despiden, y te suben los impuestos y te crecen los enanos del circo, indudablemente, eres víctima; pero si tienes tres hipotecas para poder tener la casa de la playa y el apartamento para alquilar a estudiantes y la casa del pueblo, no eres víctima, eres gilipollas y que te ondulen. Que hay países con precios e impuestos similares a los españoles, donde no se sabe lo que es una paga extra y los salarios básicos, asquerosamente frecuentes, son la tercera parte de los de aquí. Y disfrutan la vida como pueden e intentan ser felices, sin casa en la playa, sin dos coches por miembro de la familia, sin cuatro televisores de plasma, sin fines de semana en la otra punta del país, sin aparentar y sin victimismos.

Me comentaba hace poco mi amiga A. de una pandilla que ella conoce, que varios están en el paro desde hace meses; pero se fueron de despedida de soltero a Tenerife. Desde Santander. De fin de semana. Eso es grosero, directamente: el billete se lo están pagando los que trabajan. Y entiendo que dentro del "mínimo existencial" está poder salir y tomar algo - pero los excesos NO pueden estar incluidos en ese mínimo. A mi amigo J. le quedan unos meses de paro. Cincuenta y tantos tacos. Buen trabajador donde los haya. A muchos como él les quitarán el paro injustamente; a otros, como a los "viajeros" domingueros mencionados, no se lo tendrían que haber dado nunca.

En Cruz Roja nos dijeron una vez que, si hubiera una catástrofe y hubiera decenas de heridos, teníamos que ignorar a los que más chillaban, porque eran los que, probablemente, menos ayuda necesitaban. Que los callados eran los que estaban realmente mal, y a los que había que atender primero. ¿Y quién va a poner el grito en el cielo por esta entrada de bitácora? Los patos heridos, que llaman en checo; o dicho en castizo, los que se pican, que ajos comen.

Hay muchas víctimas en España. Demasiadas. Los que pasan hambre, los que no llegan a fin de mes, los que han visto cómo subían los precios de las viviendas y compraron algo antes de que fuera demasiado tarde porque sabían que lo iban a necesitar, etc. Por respeto hacia los que están realmente mal, los que tenemos trabajo y "sólo" necesitamos quitarnos lujos innecesarios, deberíamos callarnos la boca. Los que tienen hipoteca de primera vivienda y no tienen trabajo estable o cobran lo justísimo o menos, y muchos otros que están en situaciones muy malas, tienen que sentirse insultados cuando se comparan con ellos los que lo pasan fatal porque, con la crisis, la langosta ya no sabe igual. Exagero, claro. Quiero llevar a reflexión. Quejémonos. Hagámoslo de acuerdo a la magnitud verdadera de lo que nos afecte, o critiquemos la situación de lo demás, sin aprovecharnos nosotros, sin victimismos. De lo contrario, el día que os vaya realmente mal, a nosotros, directamente, nadie nos hará caso.

¿Y los políticos? Esos son harina de otro costal. Yo quería hablar de la gente "normal". A los delincuentes de corbata ya se refieren otros por todo internet. Personalmente, quiero creer que hay políticos honrados; pero no quiero hablar ni de los nobles ni de los innobles.

A ver, ¿quién se pica?

lunes, 9 de julio de 2012

Esas toses, esas oportunidades

En Cantabria estamos disfrutando de una oportunidad única: la que suponen los Encuentros de música y academia de Santander, que ya van por su duodécima edición. El acceso es gratuito a la mayor parte de los conciertos, y los que son de pago, lo son por un precio simbólico de 10 € (excepto el gallinero, por 3 €).

Con unos 50 conciertos repartidos por toda la provincia, ya no hay excusa para no escuchar música clásica. Y si alguno pensaba poner que "seguro que está lleno", que se busque otra: he ido a dos conciertos de una calidad, a mi laico entender, muy alta, tanto de composiciones como de interpretación, y la inmensa mayoría del público estaba a la altura.

Claro que siempre hay excepciones. Siempre hay alguno que tose, o se sorbe los mocos, o carraspea, o come chuches, o necesita cinco minutos para abrir un caramelo y chafar el pianissimo a todo el personal de una sola tacada. O a quien se le escapa el mecanismo del paraguas plegable cinco veces en una actuación. En fin, que esas cosas pasan hasta en las mejores familias. También el aire acondicionado hace ruido - pero a quien no le guste pasar calor, preferirá ese leve murmullo a perderse el concierto por miedo a sudar demasiado.

Si uno quiere poner pegas, las encontrará. Yo he decidido dejar de ponerlas y disfrutar de esta oportunidad. Porque, para qué nos vamos a engañar, estas cosas gratuitas no suelen durar muchos lustros; y es una suerte como pocas, tener salud, tener los medios, la cercanía, el tiempo de ir a ver este regalo. Uno no se puede permitir el lujo de centrarse en las pegas, que de esas ya hay demasiadas por el mundo y en las mentes ajenas: tenemos el deber moral de disfrutar este privilegio al que muy pocos pueden acceder por las circunstancias antes mencionadas y muchas otras.

Y a los que tosen, deseémosles mejor salud. Quién sabe, quizá sean molestones profesionales o aficionados, cuyo mayor placer en esta vida sea incordiar en momentos sublimes de conciertos. En ese caso, otra razón habría para ignorarlos: aprovechar la oportunidad de aguarles la fiesta. Yo he conseguido cerrar el oído a los ruidos ya en dos conciertos, y espero estar aprendiendo y que me dure.

Gracias, señora O'Shea, gracias, señor Csaba (köszönöm), por esta edición del Encuentro, por permitirme acceder a tanta música de calidad justo cuando más la necesito, por lo que estoy aprendiendo de música y en otros campos personales. Me gustaría llevarles una flor a cada uno a un concierto. Igual hasta me atrevo, pero por si no me atreviera, aquí queda esta bitácora.