Soy responsable. Culpable. De problemas ecológicos. De problemas sociales. De crímenes contra la Humanidad. Me gusta vivir cómodamente. Cuando algo me va mal, culpo a los demás en lugar de ver qué puedo hacer yo por cambiar el mundo, por cambiar mi mundo. Cuando Eva me da la manzana, es su culpa si yo la muerdo, o la de Dios por darme hambre, o la del árbol por dar fruto, o de la serpiente por no tener patas. Así, no soluciono la vida de otros, ni la mía. Son consciente de ello. Sólo este momento. No quiero vivir con complejo de culpa, porque así no se puede vivir. Yo seré bueno, y el resto serán malos. No cambiaré, ni mi vida ni a mí mismo, que más vale malo conocido. Y cuando me digas que estás mal porque estás enfermo, compararé mi situación con la tuya porque han dejado de emitir mi serie favorita. Así ha funcionado el mundo desde siempre, y así es como tiene que funcionar. No quiero salir de esta Segunda Edad Media de oscurantismos disfrazados de siglos de después del de las Luces (los siglos traslúcidos). Se vive muy bien imaginando lo que producirá las sombras sobre el cristal iluminado. No estamos en una caverna, sino en una jaula de cristal, se vive mejor, con más luz. Aquí no llueve, no hace frío, y aunque me queje, nadie puede sacarme de aquí.
Hasta el día que alguien coja una piedra y nos despierte a todos por la fuerza.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Soy responsable
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martes, 31 de julio de 2012
Víctimas y victimistas
No voy a hablar de políticos. Voy a hablar de él, de ella, de ti y de mí. De la gente "normal".
Es que no es lo mismo. No son lo mismo uno que se queja y un quejica. No es lo mismo Marta Sánchez que Sancho Martínez. No es lo mismo un funcionario que otro.Y no es lo mismo ser víctima que ser victimista.
Fui a renovarme el DNI y el pasaporte. El mismo día. Para el DNI me atendió un hombre de mediana edad, sonriente, silbando, hizo comentarios graciosos. No se hizo el gracioso ni el simpático, sino que fue gracioso, simpático, agradable y me alegró el día. La pena fue que no me lo encontrara a él en segundo lugar: para el pasaporte, me remitió a una compañera suya que no me miró a la cara ni para ver si era yo el de la foto del documento; apenas miró el ordenador, porque estaba mirando un catálogo de moda. No me contestó al saludo. Una compañera suya incluso le llamó la atención: "Niña, que ya lo tienes" (el pasaporte acabado). Llegué a decirle que, si no tenía tiempo para dedicarme, que volvía otro día, para no molestarla (en su lectura de catálogos de moda en tiempo de trabajo que pagamos todos, por cierto).
Si estos dos fueran a protestar por una bajada de sueldo, resulta que el señor estaría protestando con todas las de la ley; pero la señora sería una geta acabada. El señor se merece un ascenso y una subida de sueldo; ella, el despido con una patada en el culo y sin indemnización.
Ya, ya oigo a algunos, Jorge, eres un sexista del guano, seguro que la señora tenía mejor cutis que tú y le cogiste rabia. Vamos con dos mujeres haciendo el mismo trabajo, también funcionarias. RPI: Registro de la Propiedad Intelectual. Fui con una consulta a la oficina provincial del RPI en Santander. Me recibió una mujer que lleva menos de un año en su trabajo. Mi consulta era, por decirlo suavemente, peliaguda, y yo era consciente de ello. La mujer, que me atendió de forma más que correcta, buscó la información en los libros, en las últimas actualizaciones en la red del Ministerio, escuchó toda la explicación de lo que se trataba, entendió de lo que le hablaba, me explicó la terminología, hizo lo que pudo y más. Salí de allí más que contento con su trabajo y su esfuerzo, y ello a pesar de que no hubo respuesta definitiva. Al final, me mandó un correo con la información de la oficina central en Madrid para que preguntara mejor allí.
Llamé. Dos veces. La primera no cogió nadie, y eso que dejé sonar el teléfono bien de rato. Pero bueno, todo el mundo puede tener un apretón en un momento dado.A la segunda, una voz de mujer al otro lado me replicó, casi sin dejarme terminar de hablar, que tenía que contactar con mi oficina provincial. Le expliqué que, precisamente, de mi oficina provincial me remitían, porque no sabían darme una respuesta. "Pues, ¿desde qué provincia llama?" (con un tono de "pero ¿en qué atraso viven fuera de esta oficina?". "Desde Cantabria". "Digame (voz de abandono)". Le explico la situación. Me contesta que no puedo registrar algo que no es mío. Le explico que es mío más de un 90% y el resto es obra huérfana. Me repite que no lo puedo registrar, porque no es mío. Le recuerdo que Bach y Beethoven también hacían variaciones sobre temas de otros y nadie pone en duda que esas variaciones son de Bach y Beethoven. Al final me dijo que lo intentara registrar y que ya lo juzgaría un examinador del RPI. Vamos: contribuyente, paga, y luego ya veremos si te damos algo por lo que hayas pagado. Eso sí, yo no voy a pasarte con un examinador, porque no me lo has pedido, porque no se me ocurre o porque no me da la gana. Eso sí, sin humildad, hasta ahí podíamos llegar.
Y se me ocurre que estas dos mujeres presentan, de nuevo, dos extremos: la primera quizá sea víctima, quizá no lo sea, de prejuicios por parte de su compañera de La Capi; de su novedad en el puesto; de la burocracia que hace que al más pintado le tiemble el pulso cuando viene un Jorge Otolio a registrar algo menos frecuente; y no menos importante, quizá sea (o no) víctima de todas las crisis que tenemos aquí (de valores bursátiles y morales, por citar dos grupos). La segunda mujer, si se le ocurriera quejarse un día, sería victimista.
Hay más casos. Me decía una enfermera hace poco que "vendrán los pacientes y esperarán que les pongamos buena cara, con lo que nos están haciendo desde el Gobierno". Ahá. Así que, como a ti no te gusta ser víctima, vas a ser verdugo. Qué bien. Y encima, te parecerá mal que te bajen la paga. Mientras que hay otras enfermeras que no se quejan, porque están demasiado ocupadas tratando de hacer que el paso por el hospital sea para los pacientes lo menos desagradable posible. No es lo mismo esta segunda enfermera que la primera. ¿O es que tengo yo la visión distorsionada?
Y es que demasiados, demasiados se suben a un carro que no es el suyo. Que si tienes una hipoteca para poderte independizar, y te bajan el sueldo, y te quitan la paga extra, y ya andabas justo, y a tu mujer la despiden, y te suben los impuestos y te crecen los enanos del circo, indudablemente, eres víctima; pero si tienes tres hipotecas para poder tener la casa de la playa y el apartamento para alquilar a estudiantes y la casa del pueblo, no eres víctima, eres gilipollas y que te ondulen. Que hay países con precios e impuestos similares a los españoles, donde no se sabe lo que es una paga extra y los salarios básicos, asquerosamente frecuentes, son la tercera parte de los de aquí. Y disfrutan la vida como pueden e intentan ser felices, sin casa en la playa, sin dos coches por miembro de la familia, sin cuatro televisores de plasma, sin fines de semana en la otra punta del país, sin aparentar y sin victimismos.
Me comentaba hace poco mi amiga A. de una pandilla que ella conoce, que varios están en el paro desde hace meses; pero se fueron de despedida de soltero a Tenerife. Desde Santander. De fin de semana. Eso es grosero, directamente: el billete se lo están pagando los que trabajan. Y entiendo que dentro del "mínimo existencial" está poder salir y tomar algo - pero los excesos NO pueden estar incluidos en ese mínimo. A mi amigo J. le quedan unos meses de paro. Cincuenta y tantos tacos. Buen trabajador donde los haya. A muchos como él les quitarán el paro injustamente; a otros, como a los "viajeros" domingueros mencionados, no se lo tendrían que haber dado nunca.
En Cruz Roja nos dijeron una vez que, si hubiera una catástrofe y hubiera decenas de heridos, teníamos que ignorar a los que más chillaban, porque eran los que, probablemente, menos ayuda necesitaban. Que los callados eran los que estaban realmente mal, y a los que había que atender primero. ¿Y quién va a poner el grito en el cielo por esta entrada de bitácora? Los patos heridos, que llaman en checo; o dicho en castizo, los que se pican, que ajos comen.
Hay muchas víctimas en España. Demasiadas. Los que pasan hambre, los que no llegan a fin de mes, los que han visto cómo subían los precios de las viviendas y compraron algo antes de que fuera demasiado tarde porque sabían que lo iban a necesitar, etc. Por respeto hacia los que están realmente mal, los que tenemos trabajo y "sólo" necesitamos quitarnos lujos innecesarios, deberíamos callarnos la boca. Los que tienen hipoteca de primera vivienda y no tienen trabajo estable o cobran lo justísimo o menos, y muchos otros que están en situaciones muy malas, tienen que sentirse insultados cuando se comparan con ellos los que lo pasan fatal porque, con la crisis, la langosta ya no sabe igual. Exagero, claro. Quiero llevar a reflexión. Quejémonos. Hagámoslo de acuerdo a la magnitud verdadera de lo que nos afecte, o critiquemos la situación de lo demás, sin aprovecharnos nosotros, sin victimismos. De lo contrario, el día que os vaya realmente mal, a nosotros, directamente, nadie nos hará caso.
¿Y los políticos? Esos son harina de otro costal. Yo quería hablar de la gente "normal". A los delincuentes de corbata ya se refieren otros por todo internet. Personalmente, quiero creer que hay políticos honrados; pero no quiero hablar ni de los nobles ni de los innobles.
A ver, ¿quién se pica?
Es que no es lo mismo. No son lo mismo uno que se queja y un quejica. No es lo mismo Marta Sánchez que Sancho Martínez. No es lo mismo un funcionario que otro.Y no es lo mismo ser víctima que ser victimista.
Fui a renovarme el DNI y el pasaporte. El mismo día. Para el DNI me atendió un hombre de mediana edad, sonriente, silbando, hizo comentarios graciosos. No se hizo el gracioso ni el simpático, sino que fue gracioso, simpático, agradable y me alegró el día. La pena fue que no me lo encontrara a él en segundo lugar: para el pasaporte, me remitió a una compañera suya que no me miró a la cara ni para ver si era yo el de la foto del documento; apenas miró el ordenador, porque estaba mirando un catálogo de moda. No me contestó al saludo. Una compañera suya incluso le llamó la atención: "Niña, que ya lo tienes" (el pasaporte acabado). Llegué a decirle que, si no tenía tiempo para dedicarme, que volvía otro día, para no molestarla (en su lectura de catálogos de moda en tiempo de trabajo que pagamos todos, por cierto).
Si estos dos fueran a protestar por una bajada de sueldo, resulta que el señor estaría protestando con todas las de la ley; pero la señora sería una geta acabada. El señor se merece un ascenso y una subida de sueldo; ella, el despido con una patada en el culo y sin indemnización.
Ya, ya oigo a algunos, Jorge, eres un sexista del guano, seguro que la señora tenía mejor cutis que tú y le cogiste rabia. Vamos con dos mujeres haciendo el mismo trabajo, también funcionarias. RPI: Registro de la Propiedad Intelectual. Fui con una consulta a la oficina provincial del RPI en Santander. Me recibió una mujer que lleva menos de un año en su trabajo. Mi consulta era, por decirlo suavemente, peliaguda, y yo era consciente de ello. La mujer, que me atendió de forma más que correcta, buscó la información en los libros, en las últimas actualizaciones en la red del Ministerio, escuchó toda la explicación de lo que se trataba, entendió de lo que le hablaba, me explicó la terminología, hizo lo que pudo y más. Salí de allí más que contento con su trabajo y su esfuerzo, y ello a pesar de que no hubo respuesta definitiva. Al final, me mandó un correo con la información de la oficina central en Madrid para que preguntara mejor allí.
Llamé. Dos veces. La primera no cogió nadie, y eso que dejé sonar el teléfono bien de rato. Pero bueno, todo el mundo puede tener un apretón en un momento dado.A la segunda, una voz de mujer al otro lado me replicó, casi sin dejarme terminar de hablar, que tenía que contactar con mi oficina provincial. Le expliqué que, precisamente, de mi oficina provincial me remitían, porque no sabían darme una respuesta. "Pues, ¿desde qué provincia llama?" (con un tono de "pero ¿en qué atraso viven fuera de esta oficina?". "Desde Cantabria". "Digame (voz de abandono)". Le explico la situación. Me contesta que no puedo registrar algo que no es mío. Le explico que es mío más de un 90% y el resto es obra huérfana. Me repite que no lo puedo registrar, porque no es mío. Le recuerdo que Bach y Beethoven también hacían variaciones sobre temas de otros y nadie pone en duda que esas variaciones son de Bach y Beethoven. Al final me dijo que lo intentara registrar y que ya lo juzgaría un examinador del RPI. Vamos: contribuyente, paga, y luego ya veremos si te damos algo por lo que hayas pagado. Eso sí, yo no voy a pasarte con un examinador, porque no me lo has pedido, porque no se me ocurre o porque no me da la gana. Eso sí, sin humildad, hasta ahí podíamos llegar.
Y se me ocurre que estas dos mujeres presentan, de nuevo, dos extremos: la primera quizá sea víctima, quizá no lo sea, de prejuicios por parte de su compañera de La Capi; de su novedad en el puesto; de la burocracia que hace que al más pintado le tiemble el pulso cuando viene un Jorge Otolio a registrar algo menos frecuente; y no menos importante, quizá sea (o no) víctima de todas las crisis que tenemos aquí (de valores bursátiles y morales, por citar dos grupos). La segunda mujer, si se le ocurriera quejarse un día, sería victimista.
Hay más casos. Me decía una enfermera hace poco que "vendrán los pacientes y esperarán que les pongamos buena cara, con lo que nos están haciendo desde el Gobierno". Ahá. Así que, como a ti no te gusta ser víctima, vas a ser verdugo. Qué bien. Y encima, te parecerá mal que te bajen la paga. Mientras que hay otras enfermeras que no se quejan, porque están demasiado ocupadas tratando de hacer que el paso por el hospital sea para los pacientes lo menos desagradable posible. No es lo mismo esta segunda enfermera que la primera. ¿O es que tengo yo la visión distorsionada?
Y es que demasiados, demasiados se suben a un carro que no es el suyo. Que si tienes una hipoteca para poderte independizar, y te bajan el sueldo, y te quitan la paga extra, y ya andabas justo, y a tu mujer la despiden, y te suben los impuestos y te crecen los enanos del circo, indudablemente, eres víctima; pero si tienes tres hipotecas para poder tener la casa de la playa y el apartamento para alquilar a estudiantes y la casa del pueblo, no eres víctima, eres gilipollas y que te ondulen. Que hay países con precios e impuestos similares a los españoles, donde no se sabe lo que es una paga extra y los salarios básicos, asquerosamente frecuentes, son la tercera parte de los de aquí. Y disfrutan la vida como pueden e intentan ser felices, sin casa en la playa, sin dos coches por miembro de la familia, sin cuatro televisores de plasma, sin fines de semana en la otra punta del país, sin aparentar y sin victimismos.
Me comentaba hace poco mi amiga A. de una pandilla que ella conoce, que varios están en el paro desde hace meses; pero se fueron de despedida de soltero a Tenerife. Desde Santander. De fin de semana. Eso es grosero, directamente: el billete se lo están pagando los que trabajan. Y entiendo que dentro del "mínimo existencial" está poder salir y tomar algo - pero los excesos NO pueden estar incluidos en ese mínimo. A mi amigo J. le quedan unos meses de paro. Cincuenta y tantos tacos. Buen trabajador donde los haya. A muchos como él les quitarán el paro injustamente; a otros, como a los "viajeros" domingueros mencionados, no se lo tendrían que haber dado nunca.
En Cruz Roja nos dijeron una vez que, si hubiera una catástrofe y hubiera decenas de heridos, teníamos que ignorar a los que más chillaban, porque eran los que, probablemente, menos ayuda necesitaban. Que los callados eran los que estaban realmente mal, y a los que había que atender primero. ¿Y quién va a poner el grito en el cielo por esta entrada de bitácora? Los patos heridos, que llaman en checo; o dicho en castizo, los que se pican, que ajos comen.
Hay muchas víctimas en España. Demasiadas. Los que pasan hambre, los que no llegan a fin de mes, los que han visto cómo subían los precios de las viviendas y compraron algo antes de que fuera demasiado tarde porque sabían que lo iban a necesitar, etc. Por respeto hacia los que están realmente mal, los que tenemos trabajo y "sólo" necesitamos quitarnos lujos innecesarios, deberíamos callarnos la boca. Los que tienen hipoteca de primera vivienda y no tienen trabajo estable o cobran lo justísimo o menos, y muchos otros que están en situaciones muy malas, tienen que sentirse insultados cuando se comparan con ellos los que lo pasan fatal porque, con la crisis, la langosta ya no sabe igual. Exagero, claro. Quiero llevar a reflexión. Quejémonos. Hagámoslo de acuerdo a la magnitud verdadera de lo que nos afecte, o critiquemos la situación de lo demás, sin aprovecharnos nosotros, sin victimismos. De lo contrario, el día que os vaya realmente mal, a nosotros, directamente, nadie nos hará caso.
¿Y los políticos? Esos son harina de otro costal. Yo quería hablar de la gente "normal". A los delincuentes de corbata ya se refieren otros por todo internet. Personalmente, quiero creer que hay políticos honrados; pero no quiero hablar ni de los nobles ni de los innobles.
A ver, ¿quién se pica?
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lunes, 9 de julio de 2012
Esas toses, esas oportunidades
En Cantabria estamos disfrutando de una oportunidad única: la que
suponen los Encuentros de música y academia de Santander, que ya van por
su duodécima edición. El acceso es gratuito a la mayor parte de los
conciertos, y los que son de pago, lo son por un precio simbólico de 10 €
(excepto el gallinero, por 3 €).
Con unos 50 conciertos repartidos por toda la provincia, ya no hay excusa para no escuchar música clásica. Y si alguno pensaba poner que "seguro que está lleno", que se busque otra: he ido a dos conciertos de una calidad, a mi laico entender, muy alta, tanto de composiciones como de interpretación, y la inmensa mayoría del público estaba a la altura.
Claro que siempre hay excepciones. Siempre hay alguno que tose, o se sorbe los mocos, o carraspea, o come chuches, o necesita cinco minutos para abrir un caramelo y chafar el pianissimo a todo el personal de una sola tacada. O a quien se le escapa el mecanismo del paraguas plegable cinco veces en una actuación. En fin, que esas cosas pasan hasta en las mejores familias. También el aire acondicionado hace ruido - pero a quien no le guste pasar calor, preferirá ese leve murmullo a perderse el concierto por miedo a sudar demasiado.
Si uno quiere poner pegas, las encontrará. Yo he decidido dejar de ponerlas y disfrutar de esta oportunidad. Porque, para qué nos vamos a engañar, estas cosas gratuitas no suelen durar muchos lustros; y es una suerte como pocas, tener salud, tener los medios, la cercanía, el tiempo de ir a ver este regalo. Uno no se puede permitir el lujo de centrarse en las pegas, que de esas ya hay demasiadas por el mundo y en las mentes ajenas: tenemos el deber moral de disfrutar este privilegio al que muy pocos pueden acceder por las circunstancias antes mencionadas y muchas otras.
Y a los que tosen, deseémosles mejor salud. Quién sabe, quizá sean molestones profesionales o aficionados, cuyo mayor placer en esta vida sea incordiar en momentos sublimes de conciertos. En ese caso, otra razón habría para ignorarlos: aprovechar la oportunidad de aguarles la fiesta. Yo he conseguido cerrar el oído a los ruidos ya en dos conciertos, y espero estar aprendiendo y que me dure.
Gracias, señora O'Shea, gracias, señor Csaba (köszönöm), por esta edición del Encuentro, por permitirme acceder a tanta música de calidad justo cuando más la necesito, por lo que estoy aprendiendo de música y en otros campos personales. Me gustaría llevarles una flor a cada uno a un concierto. Igual hasta me atrevo, pero por si no me atreviera, aquí queda esta bitácora.
Con unos 50 conciertos repartidos por toda la provincia, ya no hay excusa para no escuchar música clásica. Y si alguno pensaba poner que "seguro que está lleno", que se busque otra: he ido a dos conciertos de una calidad, a mi laico entender, muy alta, tanto de composiciones como de interpretación, y la inmensa mayoría del público estaba a la altura.
Claro que siempre hay excepciones. Siempre hay alguno que tose, o se sorbe los mocos, o carraspea, o come chuches, o necesita cinco minutos para abrir un caramelo y chafar el pianissimo a todo el personal de una sola tacada. O a quien se le escapa el mecanismo del paraguas plegable cinco veces en una actuación. En fin, que esas cosas pasan hasta en las mejores familias. También el aire acondicionado hace ruido - pero a quien no le guste pasar calor, preferirá ese leve murmullo a perderse el concierto por miedo a sudar demasiado.
Si uno quiere poner pegas, las encontrará. Yo he decidido dejar de ponerlas y disfrutar de esta oportunidad. Porque, para qué nos vamos a engañar, estas cosas gratuitas no suelen durar muchos lustros; y es una suerte como pocas, tener salud, tener los medios, la cercanía, el tiempo de ir a ver este regalo. Uno no se puede permitir el lujo de centrarse en las pegas, que de esas ya hay demasiadas por el mundo y en las mentes ajenas: tenemos el deber moral de disfrutar este privilegio al que muy pocos pueden acceder por las circunstancias antes mencionadas y muchas otras.
Y a los que tosen, deseémosles mejor salud. Quién sabe, quizá sean molestones profesionales o aficionados, cuyo mayor placer en esta vida sea incordiar en momentos sublimes de conciertos. En ese caso, otra razón habría para ignorarlos: aprovechar la oportunidad de aguarles la fiesta. Yo he conseguido cerrar el oído a los ruidos ya en dos conciertos, y espero estar aprendiendo y que me dure.
Gracias, señora O'Shea, gracias, señor Csaba (köszönöm), por esta edición del Encuentro, por permitirme acceder a tanta música de calidad justo cuando más la necesito, por lo que estoy aprendiendo de música y en otros campos personales. Me gustaría llevarles una flor a cada uno a un concierto. Igual hasta me atrevo, pero por si no me atreviera, aquí queda esta bitácora.
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miércoles, 23 de mayo de 2012
Weinberg
"Para
que la buena gente haga cosas malas hace falta religión.”
Steven Weinberg
Steven Weinberg
Evidentemente, Steven Weinberg no ha
pasado por ningún país del antiguo bloque soviético, donde la religión
estaba prohibida y el ateísmo institucionalizado llevaba a la gente
buena a hacer cosas muy malas. En todos los países comunistas
han muerto miles de personas, decenas y cientos de miles han sido perseguidas, y de todas ellas, algunas (y no pocas) fueron perseguidas por motivo de querer practicar su religión. Stalin era ateo, y él solito ordenó la muerte de millones de personas.
Aunque... pensándolo
bien, siempre he creído que el ateísmo es una religión, la
religión del Dios inexistente. Hm... Quizá Weinberg tenga razón
después de todo... ¡Acabemos con el ateísmo! Sus adeptos son los
peores fanáticos. Matan porque quieren, no porque nadie se lo diga
:D No pueden excusarse en un lavado de cerebro, ¡son perfectamente conscientes! ¿Qué hacemos con ellos?
(por si acaso, esto va de broma, y que ningún ateo tenga miedo, porque los creyentes convencidos y no fanáticos -la mayoría, de hecho- son gente educada en el amor y en el respeto al prójimo).
miércoles, 16 de mayo de 2012
Cuentos sobre un cuentista
¿Saben aquel que diu... de una familia que va con un burro, y prueban todas las combinaciones posibles (subirse el hombre, subirse la mujer, subirse el niño, subirse tres, bajarse los tres) y, se crucen con quien se crucen, les critican? Que si el burro va poco cargado, que si va muy cargado, que qué mala mujer, dejando al niño que ande, que qué mal hijo, que sus padres tienen que caminar, que qué machista el tío que va solo en el burro.
Hoy he visitado a un amigo. Salió el tema de un conocido común. Este conocido común hace algo artístico. Lo hace muy bien. No es que tenga un gran potencial, sino que ha hecho y sigue haciendo cosas dignas o muy dignas de mención. Mencioné varios aspectos positivos en los que no coincidí con mi interlocutor, a quien no le gustaban. Mi interlocutor mencionó a una mujer que "sobreactuaba". Yo no mencioné que nuestro conocido común también sobreactúa, incluso para ser teatro. De hecho, creo que el 90% de lo que dije acerca de él o de lo que hace fue positivo o muy positivo.
Sin embargo, se me ocurrió mencionar un fracaso de este conocido nuestro, atenuándolo, diciendo que todos nos equivocábamos. Algo que mi interlocutor no conocía Insisto, por activa y por pasiva dije que era lo único que había visto que no me gustara. Tonto de mí, lo agravé al decir que no estoy interesado en cuentacuentos, en general (lo cual es cierto, he visto muchos, me encantaron una temporada de mi vida, pero hace ya años que los evito). Como cabía esperar, inmediatamente el atacado fui yo, que claro, mis opiniones estaban sesgadas por esa antipatía que yo sentía hacia el otro, antipatía que cuando se siente no se puede dejar nunca de lado.
Evidentemente, semejante afirmación tiene otros intereses que evidenciar algo en mí: o no me ha escuchado antes lo que he dicho, o quiere provocarme, o, como dice Don Miguel Ruiz, tiene sus propios problemas y se los ventila conmigo porque soy el que está más cerca. Yo no soy tan importante.
Que conste, Señor Ruiz, que estoy de acuerdo con usted. Y estoy seguro de que no soy el único al que, injustamente, tachan de parcial cuando intenta no serlo. Para qué nos vamos a engañar, creo que mi amigo tenía razón, y que no puedo evitar que me resulte antipático un individuo que, pese a todas sus cualidades técnicas, escribe y utiliza sus obras de teatro para poner en evidencia las faltas ajenas (especialmente las de sus compañeros de escena) y aliviarse así sus complejos de inferioridad; alguien a quien he oído repetidas veces reírse de los demás (y no incluyo en estas veces aquéllas en las que la víctima era yo); alguien que ha traicionado la confianza que deposité en él varias veces; alguien que no es capaz de ver más allá de su ombligo; alguien con quien aprendí la diferencia entre el egoísmo y el egocentrismo, porque era capaz de actuar con cada uno por separado, tan delimitada como excelentemente; alguien con más ganas de protagonismo que yo puntos en una escala abierta de autoconcepto cuando me pega el rato maniaco. No puedo evitar que me caiga mal alguien que va de maravilloso, alguien artero y calculador, pesetero, manipulador; alguien que respeta legalmente los derechos de autor, pero no así las ideas ajenas, y que "vende" sus obras sólo gracias a cierta limitación cultural de la mayor parte de su público, amén de ser otros forofos más o menos ciegos de este emperador desnudo. Desde pequeño he encontrado difícil encontrar simpático a alguien que hace todo lo posible a mis ojos por no serlo - dicho todo ello, eso sí, de forma totalmente parcial, porque también sé ser parcial, y porque estoy harto de actuar de forma hipócrita con respecto a mí mismo, de callarme esto que he dicho y muchas otras cosas que podría decir, porque veo que callármelas sirve tan poco como decirlas, pero así, al menos, descargo de una vez y para siempre.
No entiendo que la gente guarde lealtad a alguien que no me ha demostrado estar dispuesto a guardarla. Pero supongo que todos escogemos a nuestros amigos por motivos que ni nosotros mismos conocemos. Y que todos tenemos nuestros propios intereses. Entre los míos está el no servir de bufón a nadie. Ni cobrando en azafrán del bueno. Y puesto que mucha gente me va a criticar igual, voy a ser yo mismo, y al que no le guste, peor para él. Que tengo el mismo derecho a decir lo que pienso que aquéllos que están buscando la brizna en mis niñas. Dicho con toda la seguridad de que caerá en saco roto, con todo el rebote, pero también con todo el cariño. Sinceramente.
Hoy he visitado a un amigo. Salió el tema de un conocido común. Este conocido común hace algo artístico. Lo hace muy bien. No es que tenga un gran potencial, sino que ha hecho y sigue haciendo cosas dignas o muy dignas de mención. Mencioné varios aspectos positivos en los que no coincidí con mi interlocutor, a quien no le gustaban. Mi interlocutor mencionó a una mujer que "sobreactuaba". Yo no mencioné que nuestro conocido común también sobreactúa, incluso para ser teatro. De hecho, creo que el 90% de lo que dije acerca de él o de lo que hace fue positivo o muy positivo.
Sin embargo, se me ocurrió mencionar un fracaso de este conocido nuestro, atenuándolo, diciendo que todos nos equivocábamos. Algo que mi interlocutor no conocía Insisto, por activa y por pasiva dije que era lo único que había visto que no me gustara. Tonto de mí, lo agravé al decir que no estoy interesado en cuentacuentos, en general (lo cual es cierto, he visto muchos, me encantaron una temporada de mi vida, pero hace ya años que los evito). Como cabía esperar, inmediatamente el atacado fui yo, que claro, mis opiniones estaban sesgadas por esa antipatía que yo sentía hacia el otro, antipatía que cuando se siente no se puede dejar nunca de lado.
Evidentemente, semejante afirmación tiene otros intereses que evidenciar algo en mí: o no me ha escuchado antes lo que he dicho, o quiere provocarme, o, como dice Don Miguel Ruiz, tiene sus propios problemas y se los ventila conmigo porque soy el que está más cerca. Yo no soy tan importante.
Que conste, Señor Ruiz, que estoy de acuerdo con usted. Y estoy seguro de que no soy el único al que, injustamente, tachan de parcial cuando intenta no serlo. Para qué nos vamos a engañar, creo que mi amigo tenía razón, y que no puedo evitar que me resulte antipático un individuo que, pese a todas sus cualidades técnicas, escribe y utiliza sus obras de teatro para poner en evidencia las faltas ajenas (especialmente las de sus compañeros de escena) y aliviarse así sus complejos de inferioridad; alguien a quien he oído repetidas veces reírse de los demás (y no incluyo en estas veces aquéllas en las que la víctima era yo); alguien que ha traicionado la confianza que deposité en él varias veces; alguien que no es capaz de ver más allá de su ombligo; alguien con quien aprendí la diferencia entre el egoísmo y el egocentrismo, porque era capaz de actuar con cada uno por separado, tan delimitada como excelentemente; alguien con más ganas de protagonismo que yo puntos en una escala abierta de autoconcepto cuando me pega el rato maniaco. No puedo evitar que me caiga mal alguien que va de maravilloso, alguien artero y calculador, pesetero, manipulador; alguien que respeta legalmente los derechos de autor, pero no así las ideas ajenas, y que "vende" sus obras sólo gracias a cierta limitación cultural de la mayor parte de su público, amén de ser otros forofos más o menos ciegos de este emperador desnudo. Desde pequeño he encontrado difícil encontrar simpático a alguien que hace todo lo posible a mis ojos por no serlo - dicho todo ello, eso sí, de forma totalmente parcial, porque también sé ser parcial, y porque estoy harto de actuar de forma hipócrita con respecto a mí mismo, de callarme esto que he dicho y muchas otras cosas que podría decir, porque veo que callármelas sirve tan poco como decirlas, pero así, al menos, descargo de una vez y para siempre.
No entiendo que la gente guarde lealtad a alguien que no me ha demostrado estar dispuesto a guardarla. Pero supongo que todos escogemos a nuestros amigos por motivos que ni nosotros mismos conocemos. Y que todos tenemos nuestros propios intereses. Entre los míos está el no servir de bufón a nadie. Ni cobrando en azafrán del bueno. Y puesto que mucha gente me va a criticar igual, voy a ser yo mismo, y al que no le guste, peor para él. Que tengo el mismo derecho a decir lo que pienso que aquéllos que están buscando la brizna en mis niñas. Dicho con toda la seguridad de que caerá en saco roto, con todo el rebote, pero también con todo el cariño. Sinceramente.
domingo, 6 de mayo de 2012
Alubias al hinojo
Luego siempre me dicen "y cómo hiciste el plato aquél", y siempre se me olvida, porque lo hago todo a ojo. Pues esta vez, antes de que lo olvide, fue al hinojo. Y al ajo, y al anís, y al...
- haz un sofrito de chorizo picante y ajo
- echa las alubias (blancas, tamaño medio alargadas, previa noche en remojo)
- al romper a hervir, pon a fuego lento y espera unos minutos
- echa pimentón dulce, hinojo, cilantro, anís y un siesnoés de curry (en su defecto, cúrcuma)
- al cabo de una hora, cuando las alubias estén ablandadas pero aún trisconas, añade zanahoria y cebolla
- cuando ya estén a punto (o casi), añade un par de dientes de ajo, cortados en dos o tres trozos, y una pizca de tomillo
¡No eches sal! Al menos, yo no la eché (ya tiene especias para parar un tren y el picante del chorizo). Sírvelo con pan de hogaza, oscuro o de semillas. Se puede añadir costilla o tocino (yo no lo tenía, y no me habría importado ponerlo).
En dos horas deberían de estar las alubias ya bien blandas, incluso sin olla a presión (yo no la tengo) pero se pueden dejar un poco más.
¡Buen provecho!
- haz un sofrito de chorizo picante y ajo
- echa las alubias (blancas, tamaño medio alargadas, previa noche en remojo)
- al romper a hervir, pon a fuego lento y espera unos minutos
- echa pimentón dulce, hinojo, cilantro, anís y un siesnoés de curry (en su defecto, cúrcuma)
- al cabo de una hora, cuando las alubias estén ablandadas pero aún trisconas, añade zanahoria y cebolla
- cuando ya estén a punto (o casi), añade un par de dientes de ajo, cortados en dos o tres trozos, y una pizca de tomillo
¡No eches sal! Al menos, yo no la eché (ya tiene especias para parar un tren y el picante del chorizo). Sírvelo con pan de hogaza, oscuro o de semillas. Se puede añadir costilla o tocino (yo no lo tenía, y no me habría importado ponerlo).
En dos horas deberían de estar las alubias ya bien blandas, incluso sin olla a presión (yo no la tengo) pero se pueden dejar un poco más.
¡Buen provecho!
martes, 1 de mayo de 2012
Creatividad ≠ originalidad, productividad
Uno de los pares de palabras que se intercambian de forma tan incorrecta como abusiva es el formado por "creativo" y "original". Es necesario distinguir entre estos dos, y es difícil hacerlo, porque constantemente oímos a la gente utilizar uno en el lugar del otro, igual que sucede con el par normal-frecuente.
"Original" es algo nuevo. "Creativo" se puede entender como "original con respecto de uno mismo". Un niño que se inventare el cubismo sin haber visto nunca un cuadro cubista, será muy creativo, y será muy original para el mundo como niño prodigio, claro está, pero en una acepción diferente de la aquí tratada; y además, sus cuadros no tendrán nada de original. Serán creativos. Y podrá hacer cientos de ellos y ser muy productivo.
Ya vimos que no es lo mismo escribir una greguería que inventar las greguerías. Lo primero es creativo y productivo. Lo segundo es original, y será creativo, además, el día que produzca al menos una. ¿O no? ¿Es la producción de algo una condición indispensable de la creatividad? Y de serlo, ¿contamos dentro de ese algo a la mera idea? ¿No será diferente la respuesta si esa "idea" se refiere a la imaginación de un producto (creación) o a un concepto (más discutible)? Éstas son otras de tantas cuestiones que planteo (y no sé si recibiré respuesta, teniendo en cuenta que aún no he recibido para las anteriores). Para mí, está claro que idear un concepto no es lo mismo que trabajar con ello; y cuando ese concepto se convierte en molde (la gallina / la gallina / Colón / y el huevo, para los que sepan de qué hablo), estamos hablando ya de producción en masa, y no más de creatividad. O cuando menos, hablaremos de una categoría diferente de creatividad.
En fin, que quizá esté sólo desvariando. Y es que en el fondo creo que la creatividad es inaprensible, y que intentar comprenderla es como intentar gemir mientras se huele - como si el aire pudiera ir en dos sentidos a la vez.
Y no, no considero esta entrada de blog ni original, ni creativa. Sólo es más volumen de información sin contenido, volumen que añado al éter como tantos otros. Nada más.
"Original" es algo nuevo. "Creativo" se puede entender como "original con respecto de uno mismo". Un niño que se inventare el cubismo sin haber visto nunca un cuadro cubista, será muy creativo, y será muy original para el mundo como niño prodigio, claro está, pero en una acepción diferente de la aquí tratada; y además, sus cuadros no tendrán nada de original. Serán creativos. Y podrá hacer cientos de ellos y ser muy productivo.
Ya vimos que no es lo mismo escribir una greguería que inventar las greguerías. Lo primero es creativo y productivo. Lo segundo es original, y será creativo, además, el día que produzca al menos una. ¿O no? ¿Es la producción de algo una condición indispensable de la creatividad? Y de serlo, ¿contamos dentro de ese algo a la mera idea? ¿No será diferente la respuesta si esa "idea" se refiere a la imaginación de un producto (creación) o a un concepto (más discutible)? Éstas son otras de tantas cuestiones que planteo (y no sé si recibiré respuesta, teniendo en cuenta que aún no he recibido para las anteriores). Para mí, está claro que idear un concepto no es lo mismo que trabajar con ello; y cuando ese concepto se convierte en molde (la gallina / la gallina / Colón / y el huevo, para los que sepan de qué hablo), estamos hablando ya de producción en masa, y no más de creatividad. O cuando menos, hablaremos de una categoría diferente de creatividad.
En fin, que quizá esté sólo desvariando. Y es que en el fondo creo que la creatividad es inaprensible, y que intentar comprenderla es como intentar gemir mientras se huele - como si el aire pudiera ir en dos sentidos a la vez.
Y no, no considero esta entrada de blog ni original, ni creativa. Sólo es más volumen de información sin contenido, volumen que añado al éter como tantos otros. Nada más.
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