En Cantabria estamos disfrutando de una oportunidad única: la que
suponen los Encuentros de música y academia de Santander, que ya van por
su duodécima edición. El acceso es gratuito a la mayor parte de los
conciertos, y los que son de pago, lo son por un precio simbólico de 10 €
(excepto el gallinero, por 3 €).
Con unos 50 conciertos repartidos por toda la provincia, ya no hay excusa para
no escuchar música clásica. Y si alguno pensaba poner que "seguro que
está lleno", que se busque otra: he ido a dos conciertos de una calidad,
a mi laico entender, muy alta, tanto de composiciones como de
interpretación, y la inmensa mayoría del público estaba a la altura.
Claro que siempre hay excepciones. Siempre hay alguno que tose, o
se sorbe los mocos, o carraspea, o come chuches, o necesita cinco
minutos para abrir un caramelo y chafar el pianissimo a todo el personal
de una sola tacada. O a quien se le escapa el mecanismo del paraguas
plegable cinco veces en una actuación. En fin, que esas cosas pasan
hasta en las mejores familias. También el aire acondicionado hace ruido -
pero a quien no le guste pasar calor, preferirá ese leve murmullo a
perderse el concierto por miedo a sudar demasiado.
Si uno quiere poner pegas, las encontrará. Yo he decidido dejar de ponerlas y
disfrutar de esta oportunidad. Porque, para qué nos vamos a engañar,
estas cosas gratuitas no suelen durar muchos lustros; y es una suerte
como pocas, tener salud, tener los medios, la cercanía, el tiempo de ir a
ver este regalo. Uno no se puede permitir el lujo de centrarse en las
pegas, que de esas ya hay demasiadas por el mundo y en las mentes
ajenas: tenemos el deber moral de disfrutar este privilegio al que muy
pocos pueden acceder por las circunstancias antes mencionadas y muchas otras.
Y a los que tosen, deseémosles mejor salud. Quién sabe, quizá
sean molestones profesionales o aficionados, cuyo mayor placer en esta
vida sea incordiar en momentos sublimes de conciertos. En ese caso, otra
razón habría para ignorarlos: aprovechar la oportunidad de aguarles la fiesta. Yo he conseguido cerrar el oído a los ruidos ya en dos
conciertos, y espero estar aprendiendo y que me dure.
Gracias, señora O'Shea, gracias, señor Csaba (köszönöm), por esta edición del Encuentro, por permitirme acceder a tanta música de calidad justo cuando más la necesito, por lo que estoy aprendiendo de música y en otros campos personales. Me gustaría llevarles una flor a cada uno a un concierto. Igual hasta me atrevo, pero por si no me atreviera, aquí queda esta bitácora.
lunes, 9 de julio de 2012
Esas toses, esas oportunidades
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miércoles, 23 de mayo de 2012
Weinberg
"Para
que la buena gente haga cosas malas hace falta religión.”
Steven Weinberg
Steven Weinberg
Evidentemente, Steven Weinberg no ha
pasado por ningún país del antiguo bloque soviético, donde la religión
estaba prohibida y el ateísmo institucionalizado llevaba a la gente
buena a hacer cosas muy malas. En todos los países comunistas
han muerto miles de personas, decenas y cientos de miles han sido perseguidas, y de todas ellas, algunas (y no pocas) fueron perseguidas por motivo de querer practicar su religión. Stalin era ateo, y él solito ordenó la muerte de millones de personas.
Aunque... pensándolo
bien, siempre he creído que el ateísmo es una religión, la
religión del Dios inexistente. Hm... Quizá Weinberg tenga razón
después de todo... ¡Acabemos con el ateísmo! Sus adeptos son los
peores fanáticos. Matan porque quieren, no porque nadie se lo diga
:D No pueden excusarse en un lavado de cerebro, ¡son perfectamente conscientes! ¿Qué hacemos con ellos?
(por si acaso, esto va de broma, y que ningún ateo tenga miedo, porque los creyentes convencidos y no fanáticos -la mayoría, de hecho- son gente educada en el amor y en el respeto al prójimo).
miércoles, 16 de mayo de 2012
Cuentos sobre un cuentista
¿Saben aquel que diu... de una familia que va con un burro, y prueban todas las combinaciones posibles (subirse el hombre, subirse la mujer, subirse el niño, subirse tres, bajarse los tres) y, se crucen con quien se crucen, les critican? Que si el burro va poco cargado, que si va muy cargado, que qué mala mujer, dejando al niño que ande, que qué mal hijo, que sus padres tienen que caminar, que qué machista el tío que va solo en el burro.
Hoy he visitado a un amigo. Salió el tema de un conocido común. Este conocido común hace algo artístico. Lo hace muy bien. No es que tenga un gran potencial, sino que ha hecho y sigue haciendo cosas dignas o muy dignas de mención. Mencioné varios aspectos positivos en los que no coincidí con mi interlocutor, a quien no le gustaban. Mi interlocutor mencionó a una mujer que "sobreactuaba". Yo no mencioné que nuestro conocido común también sobreactúa, incluso para ser teatro. De hecho, creo que el 90% de lo que dije acerca de él o de lo que hace fue positivo o muy positivo.
Sin embargo, se me ocurrió mencionar un fracaso de este conocido nuestro, atenuándolo, diciendo que todos nos equivocábamos. Algo que mi interlocutor no conocía Insisto, por activa y por pasiva dije que era lo único que había visto que no me gustara. Tonto de mí, lo agravé al decir que no estoy interesado en cuentacuentos, en general (lo cual es cierto, he visto muchos, me encantaron una temporada de mi vida, pero hace ya años que los evito). Como cabía esperar, inmediatamente el atacado fui yo, que claro, mis opiniones estaban sesgadas por esa antipatía que yo sentía hacia el otro, antipatía que cuando se siente no se puede dejar nunca de lado.
Evidentemente, semejante afirmación tiene otros intereses que evidenciar algo en mí: o no me ha escuchado antes lo que he dicho, o quiere provocarme, o, como dice Don Miguel Ruiz, tiene sus propios problemas y se los ventila conmigo porque soy el que está más cerca. Yo no soy tan importante.
Que conste, Señor Ruiz, que estoy de acuerdo con usted. Y estoy seguro de que no soy el único al que, injustamente, tachan de parcial cuando intenta no serlo. Para qué nos vamos a engañar, creo que mi amigo tenía razón, y que no puedo evitar que me resulte antipático un individuo que, pese a todas sus cualidades técnicas, escribe y utiliza sus obras de teatro para poner en evidencia las faltas ajenas (especialmente las de sus compañeros de escena) y aliviarse así sus complejos de inferioridad; alguien a quien he oído repetidas veces reírse de los demás (y no incluyo en estas veces aquéllas en las que la víctima era yo); alguien que ha traicionado la confianza que deposité en él varias veces; alguien que no es capaz de ver más allá de su ombligo; alguien con quien aprendí la diferencia entre el egoísmo y el egocentrismo, porque era capaz de actuar con cada uno por separado, tan delimitada como excelentemente; alguien con más ganas de protagonismo que yo puntos en una escala abierta de autoconcepto cuando me pega el rato maniaco. No puedo evitar que me caiga mal alguien que va de maravilloso, alguien artero y calculador, pesetero, manipulador; alguien que respeta legalmente los derechos de autor, pero no así las ideas ajenas, y que "vende" sus obras sólo gracias a cierta limitación cultural de la mayor parte de su público, amén de ser otros forofos más o menos ciegos de este emperador desnudo. Desde pequeño he encontrado difícil encontrar simpático a alguien que hace todo lo posible a mis ojos por no serlo - dicho todo ello, eso sí, de forma totalmente parcial, porque también sé ser parcial, y porque estoy harto de actuar de forma hipócrita con respecto a mí mismo, de callarme esto que he dicho y muchas otras cosas que podría decir, porque veo que callármelas sirve tan poco como decirlas, pero así, al menos, descargo de una vez y para siempre.
No entiendo que la gente guarde lealtad a alguien que no me ha demostrado estar dispuesto a guardarla. Pero supongo que todos escogemos a nuestros amigos por motivos que ni nosotros mismos conocemos. Y que todos tenemos nuestros propios intereses. Entre los míos está el no servir de bufón a nadie. Ni cobrando en azafrán del bueno. Y puesto que mucha gente me va a criticar igual, voy a ser yo mismo, y al que no le guste, peor para él. Que tengo el mismo derecho a decir lo que pienso que aquéllos que están buscando la brizna en mis niñas. Dicho con toda la seguridad de que caerá en saco roto, con todo el rebote, pero también con todo el cariño. Sinceramente.
Hoy he visitado a un amigo. Salió el tema de un conocido común. Este conocido común hace algo artístico. Lo hace muy bien. No es que tenga un gran potencial, sino que ha hecho y sigue haciendo cosas dignas o muy dignas de mención. Mencioné varios aspectos positivos en los que no coincidí con mi interlocutor, a quien no le gustaban. Mi interlocutor mencionó a una mujer que "sobreactuaba". Yo no mencioné que nuestro conocido común también sobreactúa, incluso para ser teatro. De hecho, creo que el 90% de lo que dije acerca de él o de lo que hace fue positivo o muy positivo.
Sin embargo, se me ocurrió mencionar un fracaso de este conocido nuestro, atenuándolo, diciendo que todos nos equivocábamos. Algo que mi interlocutor no conocía Insisto, por activa y por pasiva dije que era lo único que había visto que no me gustara. Tonto de mí, lo agravé al decir que no estoy interesado en cuentacuentos, en general (lo cual es cierto, he visto muchos, me encantaron una temporada de mi vida, pero hace ya años que los evito). Como cabía esperar, inmediatamente el atacado fui yo, que claro, mis opiniones estaban sesgadas por esa antipatía que yo sentía hacia el otro, antipatía que cuando se siente no se puede dejar nunca de lado.
Evidentemente, semejante afirmación tiene otros intereses que evidenciar algo en mí: o no me ha escuchado antes lo que he dicho, o quiere provocarme, o, como dice Don Miguel Ruiz, tiene sus propios problemas y se los ventila conmigo porque soy el que está más cerca. Yo no soy tan importante.
Que conste, Señor Ruiz, que estoy de acuerdo con usted. Y estoy seguro de que no soy el único al que, injustamente, tachan de parcial cuando intenta no serlo. Para qué nos vamos a engañar, creo que mi amigo tenía razón, y que no puedo evitar que me resulte antipático un individuo que, pese a todas sus cualidades técnicas, escribe y utiliza sus obras de teatro para poner en evidencia las faltas ajenas (especialmente las de sus compañeros de escena) y aliviarse así sus complejos de inferioridad; alguien a quien he oído repetidas veces reírse de los demás (y no incluyo en estas veces aquéllas en las que la víctima era yo); alguien que ha traicionado la confianza que deposité en él varias veces; alguien que no es capaz de ver más allá de su ombligo; alguien con quien aprendí la diferencia entre el egoísmo y el egocentrismo, porque era capaz de actuar con cada uno por separado, tan delimitada como excelentemente; alguien con más ganas de protagonismo que yo puntos en una escala abierta de autoconcepto cuando me pega el rato maniaco. No puedo evitar que me caiga mal alguien que va de maravilloso, alguien artero y calculador, pesetero, manipulador; alguien que respeta legalmente los derechos de autor, pero no así las ideas ajenas, y que "vende" sus obras sólo gracias a cierta limitación cultural de la mayor parte de su público, amén de ser otros forofos más o menos ciegos de este emperador desnudo. Desde pequeño he encontrado difícil encontrar simpático a alguien que hace todo lo posible a mis ojos por no serlo - dicho todo ello, eso sí, de forma totalmente parcial, porque también sé ser parcial, y porque estoy harto de actuar de forma hipócrita con respecto a mí mismo, de callarme esto que he dicho y muchas otras cosas que podría decir, porque veo que callármelas sirve tan poco como decirlas, pero así, al menos, descargo de una vez y para siempre.
No entiendo que la gente guarde lealtad a alguien que no me ha demostrado estar dispuesto a guardarla. Pero supongo que todos escogemos a nuestros amigos por motivos que ni nosotros mismos conocemos. Y que todos tenemos nuestros propios intereses. Entre los míos está el no servir de bufón a nadie. Ni cobrando en azafrán del bueno. Y puesto que mucha gente me va a criticar igual, voy a ser yo mismo, y al que no le guste, peor para él. Que tengo el mismo derecho a decir lo que pienso que aquéllos que están buscando la brizna en mis niñas. Dicho con toda la seguridad de que caerá en saco roto, con todo el rebote, pero también con todo el cariño. Sinceramente.
domingo, 6 de mayo de 2012
Alubias al hinojo
Luego siempre me dicen "y cómo hiciste el plato aquél", y siempre se me olvida, porque lo hago todo a ojo. Pues esta vez, antes de que lo olvide, fue al hinojo. Y al ajo, y al anís, y al...
- haz un sofrito de chorizo picante y ajo
- echa las alubias (blancas, tamaño medio alargadas, previa noche en remojo)
- al romper a hervir, pon a fuego lento y espera unos minutos
- echa pimentón dulce, hinojo, cilantro, anís y un siesnoés de curry (en su defecto, cúrcuma)
- al cabo de una hora, cuando las alubias estén ablandadas pero aún trisconas, añade zanahoria y cebolla
- cuando ya estén a punto (o casi), añade un par de dientes de ajo, cortados en dos o tres trozos, y una pizca de tomillo
¡No eches sal! Al menos, yo no la eché (ya tiene especias para parar un tren y el picante del chorizo). Sírvelo con pan de hogaza, oscuro o de semillas. Se puede añadir costilla o tocino (yo no lo tenía, y no me habría importado ponerlo).
En dos horas deberían de estar las alubias ya bien blandas, incluso sin olla a presión (yo no la tengo) pero se pueden dejar un poco más.
¡Buen provecho!
- haz un sofrito de chorizo picante y ajo
- echa las alubias (blancas, tamaño medio alargadas, previa noche en remojo)
- al romper a hervir, pon a fuego lento y espera unos minutos
- echa pimentón dulce, hinojo, cilantro, anís y un siesnoés de curry (en su defecto, cúrcuma)
- al cabo de una hora, cuando las alubias estén ablandadas pero aún trisconas, añade zanahoria y cebolla
- cuando ya estén a punto (o casi), añade un par de dientes de ajo, cortados en dos o tres trozos, y una pizca de tomillo
¡No eches sal! Al menos, yo no la eché (ya tiene especias para parar un tren y el picante del chorizo). Sírvelo con pan de hogaza, oscuro o de semillas. Se puede añadir costilla o tocino (yo no lo tenía, y no me habría importado ponerlo).
En dos horas deberían de estar las alubias ya bien blandas, incluso sin olla a presión (yo no la tengo) pero se pueden dejar un poco más.
¡Buen provecho!
martes, 1 de mayo de 2012
Creatividad ≠ originalidad, productividad
Uno de los pares de palabras que se intercambian de forma tan incorrecta como abusiva es el formado por "creativo" y "original". Es necesario distinguir entre estos dos, y es difícil hacerlo, porque constantemente oímos a la gente utilizar uno en el lugar del otro, igual que sucede con el par normal-frecuente.
"Original" es algo nuevo. "Creativo" se puede entender como "original con respecto de uno mismo". Un niño que se inventare el cubismo sin haber visto nunca un cuadro cubista, será muy creativo, y será muy original para el mundo como niño prodigio, claro está, pero en una acepción diferente de la aquí tratada; y además, sus cuadros no tendrán nada de original. Serán creativos. Y podrá hacer cientos de ellos y ser muy productivo.
Ya vimos que no es lo mismo escribir una greguería que inventar las greguerías. Lo primero es creativo y productivo. Lo segundo es original, y será creativo, además, el día que produzca al menos una. ¿O no? ¿Es la producción de algo una condición indispensable de la creatividad? Y de serlo, ¿contamos dentro de ese algo a la mera idea? ¿No será diferente la respuesta si esa "idea" se refiere a la imaginación de un producto (creación) o a un concepto (más discutible)? Éstas son otras de tantas cuestiones que planteo (y no sé si recibiré respuesta, teniendo en cuenta que aún no he recibido para las anteriores). Para mí, está claro que idear un concepto no es lo mismo que trabajar con ello; y cuando ese concepto se convierte en molde (la gallina / la gallina / Colón / y el huevo, para los que sepan de qué hablo), estamos hablando ya de producción en masa, y no más de creatividad. O cuando menos, hablaremos de una categoría diferente de creatividad.
En fin, que quizá esté sólo desvariando. Y es que en el fondo creo que la creatividad es inaprensible, y que intentar comprenderla es como intentar gemir mientras se huele - como si el aire pudiera ir en dos sentidos a la vez.
Y no, no considero esta entrada de blog ni original, ni creativa. Sólo es más volumen de información sin contenido, volumen que añado al éter como tantos otros. Nada más.
"Original" es algo nuevo. "Creativo" se puede entender como "original con respecto de uno mismo". Un niño que se inventare el cubismo sin haber visto nunca un cuadro cubista, será muy creativo, y será muy original para el mundo como niño prodigio, claro está, pero en una acepción diferente de la aquí tratada; y además, sus cuadros no tendrán nada de original. Serán creativos. Y podrá hacer cientos de ellos y ser muy productivo.
Ya vimos que no es lo mismo escribir una greguería que inventar las greguerías. Lo primero es creativo y productivo. Lo segundo es original, y será creativo, además, el día que produzca al menos una. ¿O no? ¿Es la producción de algo una condición indispensable de la creatividad? Y de serlo, ¿contamos dentro de ese algo a la mera idea? ¿No será diferente la respuesta si esa "idea" se refiere a la imaginación de un producto (creación) o a un concepto (más discutible)? Éstas son otras de tantas cuestiones que planteo (y no sé si recibiré respuesta, teniendo en cuenta que aún no he recibido para las anteriores). Para mí, está claro que idear un concepto no es lo mismo que trabajar con ello; y cuando ese concepto se convierte en molde (la gallina / la gallina / Colón / y el huevo, para los que sepan de qué hablo), estamos hablando ya de producción en masa, y no más de creatividad. O cuando menos, hablaremos de una categoría diferente de creatividad.
En fin, que quizá esté sólo desvariando. Y es que en el fondo creo que la creatividad es inaprensible, y que intentar comprenderla es como intentar gemir mientras se huele - como si el aire pudiera ir en dos sentidos a la vez.
Y no, no considero esta entrada de blog ni original, ni creativa. Sólo es más volumen de información sin contenido, volumen que añado al éter como tantos otros. Nada más.
domingo, 29 de abril de 2012
Estrellas y estrellados
Siempre se ha dicho que más vale nacer con estrella que nacer estrellado. Veamos si podemos estar de acuerdo con ello.
Empecemos por concretar la idea con la pregunta ¿es lo mismo tener estrella que ser feliz? La primera idea significa "tener suerte, que todo salga como uno quiere". Y si todos queremos ser feliz y lo conseguimos, ¿no tendremos entonces suerte? ¿No estará saliendo todo como queremos? Ésta es la sinonimia de la que va a tratar la siguiente bitácora.
Primero, tendríamos que ver qué merece más la pena, y si tener una buena vida (nacer con estrella) es lo mismo que una vida que merezca la pena ser vivida. Una "buena" vida difícilmente nos va a traer todos los extremos: no conoceremos el dolor extremo, y por tanto la mayor felicidad del mundo no parecerá tan grande, al faltar el contraste. Luego para conocer una mayor felicidad, necesitaremos conocer un sufrimiento mayor.
Por otra parte, se ha dicho que el conocimiento no da la felicidad, y que es más feliz el ignorante que el sabio. Permitan el cambio de "sabio" por "conocedor". El conocedor, sea por experiencia propia o por formación, puede identificar mejor lo que es la felicidad y lo que no lo es, y dirigir sus pasos hacia ella. No entro en el debate de si la felicidad existe, porque para mí es un hecho indiscutible como el aire que respiro. Se podría discutir su naturaleza y duración, pero no su existencia, que comparte cosas del paradigma y ¡ay! del arquetipo. Todos buscamos la felicidad. El conocedor tiene más probabilidades de saber lo que conduce o, por negativa, lo que no conduce a ella. Hablando de emociones, cabe suponer que la experiencia propia será más significativa que la ajena, en este sentido; por no olvidar que no a todo el mundo le produce sensaciones agradables el mismo podnět (estímulo). Dicho de otro modo: conocer el sufrimiento en propias carnes, cuando va alternado por situaciones de bienestar, no nos da, pero nos permite tener, un mayor conocimiento sobre dónde puede estar la felicidad. Léase: una mayor diversidad de experiencias y sentimientos personales en la vida (= haber nacido sin tanta estrella), nuevamente, aumentará la probabilidad de conocer una mayor felicidad.
Sin embargo, oímos aquí, acá, allí, allá y acullá que hay que ser egoístas, que nadie piensa en los demás, que hay que buscar las propias metas... Estas frases, pronunciadas, oídas, escritas y recomendadas desde siempre, cobran especial peso en nuestra época de individualismo extremo. La idea de que la felicidad consiste en ayudar al prójimo se considera cándida (ingenua), poco práctica, casi estúpida por demasiado idealista, quijotesca (= de locos). Estos comentarios son dichos incluso por gente que vive en contra de tal afirmación, ayudando a los pobres, escuchando a los demás, sirviendo al prójimo en ciento y una formas diferentes; y cuando atienden a su propio consejo, por presión interna o externa, por cansancio vital, por circunstancias o porque sí, qué más da, de repente se encuentran un día contándote que aquélla había sido la etapa más feliz de su vida. Y es que, para qué nos vamos a engañar, si uno piensa en su dolor de muelas, duele más que si se distrae; y cuanto más lejos pongamos nuestra atención del dolor interno, menor será la atención que demos a dicho dolor. ¿Dónde estará mejor, entonces, toda nuestra atención, si queremos sacarla de dentro, que fuera, ...donde otros, por ejemplo?
Esta idea enlaza con una última, que es la de la satisfacción. Cuando algo nos sale bien, nos sentimos satisfechos, un poco más felices. Cuando ayudamos a los demás, nos sentimos bien con nosotros mismos y somos un poco más felices. Cuando somos incapaces de ponernos en la piel del otro, porque no hemos vivido jamás eso (por ejemplo, estar en el paro), no somos buenos amigos, sentiremos que hay un conflicto cognitivo irresoluble, y ése será todo nuestro avance en la materia, que esa noche dormiremos igual. Por otro lado, cuando sabemos por lo que otro está pasando, bien porque lo hemos vivido de cerca en nuestros años de servicio, bien (aun mejor) porque hemos pasado por ello nosotros mismos, estaremos en una posición más apta para ayudar de verdad, para sacar al otro del hoyo, para ponernos al otro y a nosotros mismos un paso más cerca de la felicidad (arquetípica o paradigmática). Ayudar a los demás, aunque no siempre lo agradezcan, nos hará sentir que tenemos un papel en este mundo; y cuando nos lo agradezcan, que será más veces de las que sospechemos, nos sentiremos más queridos. Haber sufrido no nos da sólo una vida más rica, sino más sentido a la vida, y un mayor conocimiento de los entresijos de este barco y las líneas de este mapa nos dará un mayor control sobre nuestro rumbo.
En literatura y en la vida, vemos a gente a la que le ha ido bien desde que nació. Sólo en casos excepcionales es capaz esta persona, este personaje, de superar las dificultades inesperadas. Siempre hablamos de gente con una gran capacidad de superación, dormida durante lustros o décadas, capaces de autocrítica, de aprender... Evidentemente, esto está más cerca del personaje de ficción que del individuo de carne y hueso, pero incluso en éste es posible el milagro. En definitiva, cabe decir que, en lo referente a la consecución de la felicidad, quien nace con estrella, nació estrellado; y quien nace estrellado, ha visto las estrellas. Sólo éste puede aprender a verlas como esa meta a la que volar. Y si no le cortan las alas, y aunque no llegue nunca, ¡volará!
Conclusión: puesto que todos somos diferentes, que cada uno escoja. No es válido afirmar que más vale nacer con estrella que nacer estrellado, puesto que valdrá más aquello que lo aproxime a uno más al tipo de vida que quiera vivir, la del gusano o la del pájaro.
Empecemos por concretar la idea con la pregunta ¿es lo mismo tener estrella que ser feliz? La primera idea significa "tener suerte, que todo salga como uno quiere". Y si todos queremos ser feliz y lo conseguimos, ¿no tendremos entonces suerte? ¿No estará saliendo todo como queremos? Ésta es la sinonimia de la que va a tratar la siguiente bitácora.
Primero, tendríamos que ver qué merece más la pena, y si tener una buena vida (nacer con estrella) es lo mismo que una vida que merezca la pena ser vivida. Una "buena" vida difícilmente nos va a traer todos los extremos: no conoceremos el dolor extremo, y por tanto la mayor felicidad del mundo no parecerá tan grande, al faltar el contraste. Luego para conocer una mayor felicidad, necesitaremos conocer un sufrimiento mayor.
Por otra parte, se ha dicho que el conocimiento no da la felicidad, y que es más feliz el ignorante que el sabio. Permitan el cambio de "sabio" por "conocedor". El conocedor, sea por experiencia propia o por formación, puede identificar mejor lo que es la felicidad y lo que no lo es, y dirigir sus pasos hacia ella. No entro en el debate de si la felicidad existe, porque para mí es un hecho indiscutible como el aire que respiro. Se podría discutir su naturaleza y duración, pero no su existencia, que comparte cosas del paradigma y ¡ay! del arquetipo. Todos buscamos la felicidad. El conocedor tiene más probabilidades de saber lo que conduce o, por negativa, lo que no conduce a ella. Hablando de emociones, cabe suponer que la experiencia propia será más significativa que la ajena, en este sentido; por no olvidar que no a todo el mundo le produce sensaciones agradables el mismo podnět (estímulo). Dicho de otro modo: conocer el sufrimiento en propias carnes, cuando va alternado por situaciones de bienestar, no nos da, pero nos permite tener, un mayor conocimiento sobre dónde puede estar la felicidad. Léase: una mayor diversidad de experiencias y sentimientos personales en la vida (= haber nacido sin tanta estrella), nuevamente, aumentará la probabilidad de conocer una mayor felicidad.
Sin embargo, oímos aquí, acá, allí, allá y acullá que hay que ser egoístas, que nadie piensa en los demás, que hay que buscar las propias metas... Estas frases, pronunciadas, oídas, escritas y recomendadas desde siempre, cobran especial peso en nuestra época de individualismo extremo. La idea de que la felicidad consiste en ayudar al prójimo se considera cándida (ingenua), poco práctica, casi estúpida por demasiado idealista, quijotesca (= de locos). Estos comentarios son dichos incluso por gente que vive en contra de tal afirmación, ayudando a los pobres, escuchando a los demás, sirviendo al prójimo en ciento y una formas diferentes; y cuando atienden a su propio consejo, por presión interna o externa, por cansancio vital, por circunstancias o porque sí, qué más da, de repente se encuentran un día contándote que aquélla había sido la etapa más feliz de su vida. Y es que, para qué nos vamos a engañar, si uno piensa en su dolor de muelas, duele más que si se distrae; y cuanto más lejos pongamos nuestra atención del dolor interno, menor será la atención que demos a dicho dolor. ¿Dónde estará mejor, entonces, toda nuestra atención, si queremos sacarla de dentro, que fuera, ...donde otros, por ejemplo?
Esta idea enlaza con una última, que es la de la satisfacción. Cuando algo nos sale bien, nos sentimos satisfechos, un poco más felices. Cuando ayudamos a los demás, nos sentimos bien con nosotros mismos y somos un poco más felices. Cuando somos incapaces de ponernos en la piel del otro, porque no hemos vivido jamás eso (por ejemplo, estar en el paro), no somos buenos amigos, sentiremos que hay un conflicto cognitivo irresoluble, y ése será todo nuestro avance en la materia, que esa noche dormiremos igual. Por otro lado, cuando sabemos por lo que otro está pasando, bien porque lo hemos vivido de cerca en nuestros años de servicio, bien (aun mejor) porque hemos pasado por ello nosotros mismos, estaremos en una posición más apta para ayudar de verdad, para sacar al otro del hoyo, para ponernos al otro y a nosotros mismos un paso más cerca de la felicidad (arquetípica o paradigmática). Ayudar a los demás, aunque no siempre lo agradezcan, nos hará sentir que tenemos un papel en este mundo; y cuando nos lo agradezcan, que será más veces de las que sospechemos, nos sentiremos más queridos. Haber sufrido no nos da sólo una vida más rica, sino más sentido a la vida, y un mayor conocimiento de los entresijos de este barco y las líneas de este mapa nos dará un mayor control sobre nuestro rumbo.
En literatura y en la vida, vemos a gente a la que le ha ido bien desde que nació. Sólo en casos excepcionales es capaz esta persona, este personaje, de superar las dificultades inesperadas. Siempre hablamos de gente con una gran capacidad de superación, dormida durante lustros o décadas, capaces de autocrítica, de aprender... Evidentemente, esto está más cerca del personaje de ficción que del individuo de carne y hueso, pero incluso en éste es posible el milagro. En definitiva, cabe decir que, en lo referente a la consecución de la felicidad, quien nace con estrella, nació estrellado; y quien nace estrellado, ha visto las estrellas. Sólo éste puede aprender a verlas como esa meta a la que volar. Y si no le cortan las alas, y aunque no llegue nunca, ¡volará!
Conclusión: puesto que todos somos diferentes, que cada uno escoja. No es válido afirmar que más vale nacer con estrella que nacer estrellado, puesto que valdrá más aquello que lo aproxime a uno más al tipo de vida que quiera vivir, la del gusano o la del pájaro.
martes, 24 de enero de 2012
Escupiendo para arriba
Querido FBI:
Gracias por cerrar Megaupload. Lo has hecho en el momento justo. Al menos, para mí.
Y es que estaba ya planteándome que, cuando todo el mundo hablaba de colgar sus documentos en la nube, y de sus ventajas, y pasa de disco duro, de cds, de soportes de todo tipo, por no hablar ya de esa siglopasadez del papel, por Ford bendito, espabila; cuando ya estaba ya casi convencido, e incluso había empezado a colgar algunos documentos, tímidamente, aún con copias de seguridad por todo el orbe físico y virtualmente impalpable, ¡ZACA! No sólo FBI hasta en la sopa, sino incluso SOPA hasta en el FBI antes de terminarla de cocer.
Lo que es cocer, no me es-cuece nada, porque (a) no tenía nada en MUL (b) no usaba MUL (c)-onclusión: por no perder, es que ni la tranquilidad he perdido. Ni un documento, ni un minuto de sueño, sólo quizá estos minutos que estoy dedicando a escribirte estas líneas.
Y te las escribo porque me has quitado un peso de encima. Yo siempre preocupado, con esta angustia cangrejística por un futuro nequérrimo en el que todos como tontos cargamos todo en internet y tú te lo podías estudiar a tu antojo cuando te diera la gana, y total, para nada. Ahora, muchos se han llevado el susto. Muchos dejarán de colgar sus cosas en internet. Muchos no empezarán. Algunos quizá ya hayan empezado a no tener sus documentos en ningún dispositivo conectable a internet, por si los jacos (los tuyos, claro). O por si los de Troya (los jacos troyanos). O por cualquiera de la virtualmente inacabable lista de riesgos, meteoritos incluidos.
Creo que has tirado un pedrusco bien gordo a tu propio tejado. Tan gordo, que te has quedado al descubierto. A la intemperie. Temporal, que los humanos olvidamos rápido, y las nuevas generaciones, en un abrir y cerrar de huindous estarán otra vez dándote carnaza.
Yo espero haber aprendido la lección antes de mi examen. Quién sabe: nadie es perfecto, y algunos profesores (como el difunto L-L, en su día conmigo) se inventan los suspensos. Porque lo que nos engorda no es la comida, ni el dinero. Es el poder. Y si no tienes pruebas, pero tienes tirria, ya te inventarás un MUP para encerrar a quien más gordo te caiga, pese lo que pese ese gordo relativo y a quien pese.
Nadie está seguro, hoy en día. Y nadie es perfectamente bueno ni malo. Hoy, yo creo que tienes la batalla perdida. Porque FBI sólo hay uno, y los anónimos, como bien dicen de sí mismos, son legión.
Soy de los que piensan estáis pagando a mucha gente para decir que los cines están más llenos desde el viernes (creo que, de todos mis amigos y conocidos que van al cine regularmente, ninguno ha ido al cine este fin de semana, digan lo que digan en las noticias); pero es que aunque fuera cierto, a ver lo que os dura. Que la cultura está muriendo, sí; pero por toda la basura que se publica, porque va a haber que inventar un nuevo término de lo que es cultura. ¡Y ni siquiera he mencionado aún los precios!
De momento, gracias, y descansa en paz el tiempo que te quede.
Gracias por cerrar Megaupload. Lo has hecho en el momento justo. Al menos, para mí.
Y es que estaba ya planteándome que, cuando todo el mundo hablaba de colgar sus documentos en la nube, y de sus ventajas, y pasa de disco duro, de cds, de soportes de todo tipo, por no hablar ya de esa siglopasadez del papel, por Ford bendito, espabila; cuando ya estaba ya casi convencido, e incluso había empezado a colgar algunos documentos, tímidamente, aún con copias de seguridad por todo el orbe físico y virtualmente impalpable, ¡ZACA! No sólo FBI hasta en la sopa, sino incluso SOPA hasta en el FBI antes de terminarla de cocer.
Lo que es cocer, no me es-cuece nada, porque (a) no tenía nada en MUL (b) no usaba MUL (c)-onclusión: por no perder, es que ni la tranquilidad he perdido. Ni un documento, ni un minuto de sueño, sólo quizá estos minutos que estoy dedicando a escribirte estas líneas.
Y te las escribo porque me has quitado un peso de encima. Yo siempre preocupado, con esta angustia cangrejística por un futuro nequérrimo en el que todos como tontos cargamos todo en internet y tú te lo podías estudiar a tu antojo cuando te diera la gana, y total, para nada. Ahora, muchos se han llevado el susto. Muchos dejarán de colgar sus cosas en internet. Muchos no empezarán. Algunos quizá ya hayan empezado a no tener sus documentos en ningún dispositivo conectable a internet, por si los jacos (los tuyos, claro). O por si los de Troya (los jacos troyanos). O por cualquiera de la virtualmente inacabable lista de riesgos, meteoritos incluidos.
Creo que has tirado un pedrusco bien gordo a tu propio tejado. Tan gordo, que te has quedado al descubierto. A la intemperie. Temporal, que los humanos olvidamos rápido, y las nuevas generaciones, en un abrir y cerrar de huindous estarán otra vez dándote carnaza.
Yo espero haber aprendido la lección antes de mi examen. Quién sabe: nadie es perfecto, y algunos profesores (como el difunto L-L, en su día conmigo) se inventan los suspensos. Porque lo que nos engorda no es la comida, ni el dinero. Es el poder. Y si no tienes pruebas, pero tienes tirria, ya te inventarás un MUP para encerrar a quien más gordo te caiga, pese lo que pese ese gordo relativo y a quien pese.
Nadie está seguro, hoy en día. Y nadie es perfectamente bueno ni malo. Hoy, yo creo que tienes la batalla perdida. Porque FBI sólo hay uno, y los anónimos, como bien dicen de sí mismos, son legión.
Soy de los que piensan estáis pagando a mucha gente para decir que los cines están más llenos desde el viernes (creo que, de todos mis amigos y conocidos que van al cine regularmente, ninguno ha ido al cine este fin de semana, digan lo que digan en las noticias); pero es que aunque fuera cierto, a ver lo que os dura. Que la cultura está muriendo, sí; pero por toda la basura que se publica, porque va a haber que inventar un nuevo término de lo que es cultura. ¡Y ni siquiera he mencionado aún los precios!
De momento, gracias, y descansa en paz el tiempo que te quede.
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